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Temporada de cruceros – Lo que los desfiles de Chanel y Dior nos dejaron

en Arte y diseño/Diseñadores/Moda

Una nueva temporada de cruise collections llegó y no sin repercusiones. Originalmente creada con el objetivo de ofrecer prendas de veraneo para los vacacionantes de lujo y de transición entre las colecciones principales, esta instancia se ha vuelto hoy en día clave para las marcas de moda más importantes a nivel mundial. Esta temporada, en particular los desfiles de las dos firmas francesas más reconocidas, significó un quiebre para cada una de ellas, y en el marco de los fenómenos socio-políticos latentes han dado pie a una reflexión global.

Parece que el pasado 29 de abril el lugar donde todos habríamos deseado estar era Marruecos, más específicamente la ciudad de Marrakech. Allí, a las ocho de la noche hora local, se llevó a cabo el evento más renombrado de la temporada en cuanto a moda de lujo internacional: el desfile de la colección resort 2020 de Dior.

La locación fue el increíble palacio de El Badi, ambientado especialmente para la ocasión en lo que la marca se empeñó en llamar como un “viaje afuera del tiempo”. No faltaron todo tipo de influencers y estrellas de Hollywood invitadas por la firma, como Karlie Kloss, Lupita Nyong’o y Shailene Woodley, quienes se encargaron de transmitir por cada red social la fortuna de estar en lo que, más que un simple desfile, parecieron unas mini-vacaciones de tres días en el paraíso: hoteles de esplendor, hermosos paisajes, cenas tradicionales, obsequios de la firma, y más.

Tal extravagante resulta no menos que provocativa, y donde algunas críticas vieron un desperdicio de millones en algo superfluo, e incluso una especie de abuso hacia el país africano al utilizarlo como “background” para el divertimento de unos cuantos famosos extranjeros por un par de días, muchos otros vieron este suceso como la apertura hacia una nueva forma de diálogo en el mundo de la alta costura.

Lo cierto es que uno de los conceptos en los que se basó la firma para esta colección es el “common ground”, es decir, no la cultura árabe o marroquí en sí mismas, ni la tradicional francesa, sino una comunión entre ambas, el resultado del trabajo en conjunto y del intercambio entre ellas. Se generaron de esta forma tramas, telas, estampados que conjugan los clásicos códigos de Dior con la reinterpretación de diseñadores locales y el savoir-faire de sus trabajadores -todo debidamente documentado y acreditado incluso en las etiquetas de las prendas-, respetando los orígenes de las distintas técnicas con el apoyo de antropólogos e historiadores, para introducir en conjunto una nueva visión colectiva de la tradición y la historia. Digamos una creación trans-cultural.

“A través de sus diálogos culturales, la colección Cruise ofrece una condensación de diversas realidades y temporalidades. La moda en sí es un tejido único inspirado en innumerables lugares y tiempos que da lugar a una nueva visión. A través de este acto mágico, Maria Grazia Chiuri proyecta una memoria colectiva, un territorio común que está abierto a todo tipo de posibilidades”, comunican desde el website de Dior.

De esta manera, aunque la colección no resultó particularmente innovadora en cuanto a tipologías o siluetas –las prendas casi expresan Maria Grazia Chiuri a gritos-, sí demostró un acercamiento a lo que la moda de lujo actual se trata: la unión de la calidad con la artesanía, de la tradición con la tendencia, de la estética con el valor. El respeto a la identidad y su constante actualización, y la riqueza que surge del trabajo en conjunto en contraposición a la simple apropiación cultural. Este fue el mensaje que más allá de la opulencia y el espectáculo, nos dejó Dior. Y parece un buen punto de partida sobre el que seguir explorando.

Por otra parte, en la otra punta del espectro quizá, unos días después en París, se llevó a cabo el desfile de Chanel. Uno de los más anticipados, sin dudas, ya que es el primero en realizarse luego de la muerte de Karl Lagerfeld, quien estuvo 36 años al frente de esta firma, y el primero de su sucesora, Virginie Viard, quien fuera su mano derecha durante ese tiempo. No hay dudas de que Karl Lagerfeld y Chanel ya eran básicamente una misma cosa, y por ende, lo que sucediera en esta fecha tenía al mundo de la moda expectante.

Lo que sucedió fue lo siguiente: ni lo mismo de siempre, ni tan diferente. Virginie Viard demostró su profundo conocimiento y respeto hacia la historia de la maison rindiendo homenaje en sus prendas tanto a la firma como al anterior diseñador. Y, si bien estuvieron los típicos toques que definen a una colección Chanel, también la nueva sucesora se hizo presente cambiando un poco las cosas.

Vimos una colección fresca, moderna y femenina. Un tanto más joven, un tanto más sport. Un Chanel bajado a tierra, empoderado. Sin dudas, reflejo de los acontecimientos que atraviesa la sociedad actual, y de una característica que Viard tiene que, ni para bien ni para mal, Lagerfeld no tuvo: el ser mujer.

Un hair and make-up simple y relajado, estilismos menos recargados y sin tanto acento en los detalles. No existió la impresionante escenografía que siempre formó parte de los desfiles mientras Karl estuvo a su cargo; simplemente, la recreación de una estación de tren en el medio del Grand Palais con destinos de una gran simbología para la firma francesa, pero en total con poca espectacularidad.

Quizá haya sido eso lo más criticado del desfile, pero puede que también una elección acertada, más acorde a la actualidad (de hecho, ¿quién no se preguntaba últimamente si en los desfiles de Chanel no veíamos temporada tras temporada a las prendas perder importancia ante la magnificencia de sus locaciones?).

En esta ocasión, fueron las prendas las que destacaron en su frescura y usabilidad, y nada fue superfluo o demasiado. Así, la primera colección de la nueva directora creativa abre un mundo de posibilidades para la firma, una nueva ruta que promete ser renovadora.

De esta forma, ambos desfiles han supuesto el inicio de nuevos caminos para las marcas, caminos interesantes que podrían traerle al mundo de la moda aires de cambio, si como es usual, estas grandes firmas extienden su influencia sobre el resto del sector. Porque la moda, fiel reflejo de la sociedad, está en constante renovación y nada es más fascinante que ver cómo evoluciona. ¿O no?

Artículo por Sofía Dinello

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