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Las mujeres no comen y otras verdades apetitosas de la primera cita

en Lifestyle

Como mujer de orgulloso buen comer que soy, nunca pensé que el qué, cómo y cuánto comemos en nuestras citas fuera todo un tema. El auge de Tinder y la proliferación de las citas a ciegas, me ha hecho notar un patrón que se repite y no es un simple cliché del cine: las mujeres, salvo excepciones, no comemos en estos primeros encuentros, o sí pero muy poco.

Artículo por Nieves Pereyra- Coach de Estilo

La primera vez que me llamó la atención el tema fue en una reunión con mucha gente, donde surgió contar primeras citas de Tinder y una conocida confesó que ella jamás quedaba en ir a comer. “Solo salgo a tomar algo, ceno en casa antes”. Le pregunté si era para poder huir más rápido, pero la respuesta fue que no. “Ni loca como delante de un hombre que no conozco, muero de la vergüenza”. Parece que comer y elegir qué comer en una primera cita equivale en umbral de dolor a ser quien manda el primer mensaje, después de esa primera cita.

Días después, viendo Alguien tiene que ceder, que es una de mis pelis favoritas, le presté atención a una escena que había pasado por alto las veces anteriores que la había visto. Sucede así: los personajes de Diane Keaton y Jack Nicholson están chateando sobre una primera cita que ella tuvo esa misma noche. Él le pregunta “¿tenés hambre?”, a lo que ella responde “acabo de venir de cenar”. “Las mujeres nunca comen en sus citas”, afirma él, y acto seguido se encuentran para comer un bocadillo.

En Canadá hicieron un estudio que arrojó que los hombres son lo que se llama “predictores negativos” del comportamiento,  en lo que a alimentación refiere. Esto es que a mayor cantidad de  hombres presente mientras comían con una mujer, menos comía ella. La explicación parecería ser simple: las mujeres comen menos cuando salen a una cita para verse más “atractivas”. Finalmente, parece ser que todas esas escenas de película donde la protagonista se moría de hambre con una ensalada, mientras el hombre se mandaba EL churrasco,  no son un mero cliché cinematográfico. Nosotras podemos ser juzgadas como más o menos atractivas, más o menos femeninas, o más o menos deseables dependiendo de lo que comamos. Sí, resulta absolutamente superficial juzgar a alguien basándose en lo que come en una primera cita, pero aparentemente sucede. Incluso antes de que se intercambien palabras significativas, lo que hacemos o no comemos, representa lo que somos.

Es difícil fingir, entonces, que este debate interno relacionado con la alimentación no existe en muchas mujeres. No es lo mismo ser la chica que pide la napolitana con fritas, que la que prefiere ir a comer  a un lugar de alimentos orgánicos. Y si son fan de Cuando Harry conoció a Sally como yo, coincidirán que ser la chica que pide la “tarta de manzana con helado en el costado, no arriba, pero de frutilla en lugar de vainilla, y solo si la tarta está caliente”, etcétera etécera, tampoco hace más fácil la cosa. Creanmé: yo pertenezco a este bando.  A mi última pareja la conocí almorzando, muerta de hambre y súper apurada porque fue en horario de trabajo. Me quedó mirando fijo cuando me vio debatir con el mozo sobre cuál era el punto exacto de la  pasta que llamaban “al dente”. Todavía sigo asombrada que esa misma tarde me haya llamado.

Es que lo que elegimos comer dice tanto  de nosotros como el pasaporte o nuestros registros dentales.  No es de extrañar que salir a comer con un desconocido, sea la peor pesadilla de muchas personas. Ustedes me van a decir que todo esto ya lo sabían de leer Cosmopolitan y ver pelis de Bridget Jones el sábado a la noche cuchareando un pote de helado, pero no me digan que no es interesante ver que está respaldado por datos. Ciencia dura de las citas. Hardcore data.

Las primeras impresiones son clave, ya sabemos. En casos como el de las primeras citas, cada pequeño gesto o movimiento, se convierte en una declaración de quiénes somos y qué representamos. Nos guste o no, la comida está ligada a ideas de pureza, valor y juventud para las mujeres, y de poder y demostración de éxito financiero para los hombres. Es entonces que si bien las mujeres somos más propensas a elegir alimentos saludables en respuesta a una cita, los hombres  tienden a elegir alimentos caros. Menos calorías para nosotras, mayor precio para ellos. Pero cuidado con no comer absolutamente nada ya que ello también activa la zona roja de alerta. Nuestros estándares para el apetito de las mujeres se han vuelto tan retorcidos que lo que no comemos dice casi tanto como lo que sí. Así funciona la cadena alimenticia de las citas.

Siempre fui de comer bien, flaca, gorda o intermedia. Para mí la comida es algo que se disfruta, una experiencia. Me encanta probar sabores nuevos y soy de paladar  aventurero. Eso sí, jamás me lleven a comer pizza a una cita. En el momento que quede una sola porción de muzzarella en el plato, sepan que voy a pelear por ella, seguro. Y aunque me la dé de fácil, no soy tan la chica que queda contenta con ir a comer unas pizzas. Ya les conté: soy lo más parecido a la Sally de Harry que puede haber en la vida real.  Devuelvo platos y no tengo miedo de quejarme cuando algo está mal. Soy capaz de preguntar que muzzarella usan. Sumisión alimentaria cero.

El hambre siempre ha sido un tema difícil para las mujeres. Educadas durante la mayor parte de la historia para ser pequeñas, poco exigentes, flexibles, sumisas y calladas, el solo acto de seguir nuestro apetito es transgresivo, ya sea que el apetito sea para el sexo, el éxito o, en efecto, la comida. Hace uno días Netflix estrenó Dating around y el tema de la relación entre  comida, citas y mujeres, nunca fue tan explícito. En una de las citas del primer soltero, de hecho,  le aclara al inicio: soy una chica que come y disfruta de la comida. ¡Chan!  En varias oportunidades a lo largo de lo que muestran de la cita, vuelve al tema de que no es vergonzosa en cuestiones alimenticias y que no es nada tímida, ni se siente cohibida con el tema. No suena muy coherente que si salís a comer con alguien tengas que justificarte precisamente por qué comés, pero bueno, cuando se trata de citas, parece que es el caso.

No estamos hablando de que  todas las mujeres  sufran trastornos alimentarios, estamos de acuerdo, pero la relación compleja de los alimentos, la imagen corporal y las primeras impresiones siempre han sido complicadas para nosotras, y siempre se han entrelazado. Entonces, si es tan complicado, ¿por qué insistimos en el hecho de comer con alguien que aún no conocemos? La comida es un catalizador para la conversación, una pieza de ajedrez para conocer a alguien. Mientras masticamos podemos tener unos segundos preciados para evaluar que responder ante una pregunta o “tragarnos” lo que queremos decir. Ya decidiremos  más adelante si la persona que está sentada frente a nosotros merece escuchar eso que por el momento preferimos no verbalizar. Comer en una primera cita nos da tiempo de evaluar. Entre bocados observamos el lenguaje corporal y decidimos si ese desconocido nos gusta o si esperamos una señal para que deje de interesarnos. Es como una especie de cortejo de apareamiento, una danza ritual donde lucimos nuestro mejor plumaje, y evaluamos cada pequeño movimiento.

En lo personal, siempre opto por la honestidad brutal, aunque comer lo que quiero en las primeras citas, me pueda jugar en  contra. Entiendo que esas  personas con las que nos encontramos cuando salimos, pueden ser las personas con las que decidimos unir fuerzas en la vida. Todas estas citas, comidas y demás, pueden comenzar de manera torpe e imperfecta, porque así son los primeros encuentros, pero aún pueden terminar honestamente, en el momento del postre. Puedo pelear por ese último triángulo de pizza y mirarme en el espejo  cuando llego más tarde a casa sin arrepentirme. Y las invito a hacer lo mismo, todas deberíamos intentarlo.  Lo que comemos con ganas sugiere, en todo caso, las ganas de vivir que tenemos, y no hay nada más lindo para mostrar que eso.

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