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La aventura de viajar solas

en Lifestyle

Ahora que pasó Semana de Turismo no nos queda otra que pensar en las Vacaciones de Julio, y muchas veces nos encontramos en la situación de querer hacer un viaje pero no tenemos con quién. Para algunas, este es un punto de quiebre y se quedan sin conocer ese lugar que tanto desean; pero para otras mujeres, es el inicio de una aventura desconocida que tiene que ver con animarse a viajar en solitario.

Artículo por Nieves Pereyra – Coach de Estilo

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Cuando googleamos “viajar sola”,  aparecen una serie de consejos que tienden a sacarle las ganas a la más valiente. No debe existir tema más  polémico como el de una mujer que viaja sola. Ni tan contradictorio. Por un lado, las revistas, la autoayuda y las agencias de viajes nos incentivan a conocer el mundo por nosotras mismas, mientras que familiares, amigos y noticieros nos convencen día a día de los riesgos y los peligros de hacerlo. Hay dos cosas ciertas al respecto: las mujeres somos más vulnerables aún hoy, y en muchos casos, ante montones de situaciones de abuso y violencia. Que no es necesario que viajemos para que nos sucedan, claro. Y en un mundo ideal, no debería existir ni en cuestión de viajes ni en ningún otro tema, diferencia alguna determinada por el género.  Lamentablemente, no vivimos en un mundo ideal.

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Y así como digo esto les cuento que la mejor confirmación que me han dejado los viajes en solitario,  es que en el mundo los malos son minoría; existen mayor cantidad de  personas buenas. Las pocas veces que me he sentido insegura, siempre aparecieron personas dispuestas a ayudarme. La otra confirmación, que chequeé es que las mujeres viajan mucho más solas que los hombres. Quién lo hubiera pensado, ¿no? Sí, las mujeres somos más propensas a viajar en solitario.

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Por mi  parte, mi primer viaje sola fue a pocos meses de un torbellino emocional mayor al mejor estilo comer, rezar, amar (no fui a Bali, me hubiera encantado, pero comí mucho y digamos que amé bastante). Sin pensarlo mucho y con un grado de inconciencia resultante de no saber muy bien qué iba a pasar con mi vida de ahí en adelante, me fui a visitar a un amigo en Madrid y a otro en Barcelona. Ustedes dirán que eso no es viajar sola, pero no llegamos a esa parte aún. Ya viene… Para empezar el viaje, tanto en el caso de mi amigo madrileño como el catalán, les pedí que siguieran con sus vidas diarias. Cuando cuadrara, nos juntábamos. En Madrid, tenía llave. Iba y venía a mi antojo.

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Más de una vez me confundí en el metro. Muy gracioso fue el día que me iba a BCN y ví que en el metro me empezaba a seguir un grupo de chicos con bolsos. No entendía bien la situación y en un momento los encaro y les pregunto: ¿ustedes me están siguiendo? , me contestan riéndose. Somos de Galicia y estamos volviendo de visitar Madrid. Como vimos que estás con valija pensamos: va al aeropuerto, vamos a seguirla así no nos equivocamos. Ni les cuento cómo empecé a reírme; pobres chicos, pensaban llegar seguros al aeropuerto siguiéndome a mí, ¡que era la primera vez hacia el trayecto!

En Barcelona, ni siquiera me quedé en la casa de mi amigo. Compartí  cuarto en un hostel detrás del Parc Guell con siete chicas más. El primer día -y acá viene una de tantas anécdotas sobre la cantidad de gente buena que uno se cruza cuando viaja sola-, llegué, guardé las cosas y al ver el mapa le pregunté a la recepcionista si podía llegar al Parc Guell caminando… ¡Gran error! ¡Enorme! A los 15 minutos de caminar por unos senderos con árboles de lado a lado, ya me había convencido que definitivamente no iba a llegar a la casa de Gaudí, y que la noche me iba a agarrar ahí, bajando escalones sin siquiera un lindo paisaje que mirar a los costados.

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Pero como les decía, hay más gente buena que mala que sale a socorrerte cuando estás sola. Un señor que paseaba al perro y a quien le pregunté cuánto faltaba para llegar a destino, me miró asombrado y me dijo muy serio: esta parte del parque no es para caminarla de noche sola niña; venga, venga que te indico como llegar, igual que soy jubilado y estoy paseando a éste (el perro). Cuestión, el señor muy simpáticamente me llevó hasta donde había (mucha) gente, me señaló que no volviera a ingresar al parque por ahí, y me enseñó cómo volver, esta vez en autobús. Todo esto hizo que llegara más tarde de lo planeado al hostel, y cuando llego, en plena noche ya, mi amigo estaba pensando si llamaba a la policía o a mi familia para avisar que estaba perdida. ¡Muy exagerado todo, sí! Era mi primera vez en Barcelona sola, pero tampoco para tanto. Cosas que pasan y se magnifican, cuando sos sola.viajarsola

Tengo varias anécdotas: las que más recuerdo con claridad fueron estas que me pasaron la primera vez, quizás porque de los nervios las magnifiqué. Ahora que las pienso para escribírselas a ustedes, aunque nunca nada grave, viví algunas peores, como literalmente perderme en Paris de noche sin tener idea de dónde estaba parada y sin que nadie me respondiera en inglés. O haber tenido que esperar una hora afuera de un hostel porque a la noche solo lo abrían cada una hora y se me había olvidado. El barrio no era nada lindo, la gente que pasaba por la puerta, menos. Sobreviví a todas y me hice más sabia: viajar sola se me hizo cada vez más simple; resulta que soy bastante buena en eso. He conocido gente, he tenido romances, y lo más importante, he aprendido a conocerme a mí misma y a querer estar conmigo misma, lo que no siempre es fácil.


¿Lo que más me gusta de viajar sola? Dejando de lado el tema de la negociación, cuando viajas con amigos, no estás tratando de conocer gente nueva, estás concentrado en explorar lugares con ellos. Sin embargo, al viajar sola  me predispongo a conocer nuevas personas y sin dudarlo hago conexiones más profundas con la gente y la cultura de los países que estoy visitando. La  confianza que he ganado en mi misma a raíz de estas experiencias,  ha sido de lo más enriquecedor que he vivido.

No es mi intención dejarles consejos para sentirse seguros al viajar, ni destinos “mujer friendly” a dónde ir. Siempre apelo a que todas sabemos cómo cuidarnos, estamos acostumbradas. Pero sí les doy estos consejitos de viajera solitaria (ojo, tampoco soy una experimentada):

Escriban

Lleven una libretita y tomensé un café solas mirando la gente pasar y conectando con sus emociones. Es una costumbre que me quedó, y sigo implementando acá en Montevideo, siempre tengo una libretita en la cartera y cuando puedo paro a tomarme un cafecito sola.

No instagrameen todo

Las fotos son una excelente forma de capturar los momentos, pero tengamos cuidado de no obsesionarnos y perdernos de vivir el momento. Tengo viajes de los que solo tengo una o dos fotos, y es que la estaba pasando tan bien que ni me acordé de la cámara.

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Aprendan

Aprovechen a sacar partido de las equivocaciones. No se frustren si se perdieron, si no llegaron a dónde pensaban o si llegaron tarde a la salida de un tren o una conexión. Piensen tranquilamente cómo lo resolverían si no estuvieran en una situación de estrés, y va a dejar de serlo.

Hagan sociales

Sonrían y sean amables: no perdamos oportunidad de conocer gente y lugares hermosos por ser desconfiadas y suspicaces. Les sorprendería saber cuánto quiere ayudarnos la gente, y también mostrarnos lo mejor de sus países y ciudades.

Hay estudios recientes que han indagado cuáles son las razones que llevan a las mujeres a viajar solas de manera más frecuente que los hombres: el 46% dijo que la libertad, la independencia y la oportunidad de hacer lo que quieren cuando quieren; el 22% dijo que no estaba dispuesto a esperar a otros para conocer los lugares que quería visitar; y el 15% dijo que busca desafiarse y ganar confianza. ¿Ustedes por qué razón viajarían solas? ¿Nos cuentan? Besos internacionales.

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