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“Varones de“ ¿nuevo movimiento Mee Too del Uruguay?

En los últimos días surgieron en redes sociales varias cuentas de denuncia sobre acoso y abuso de genero vinculada a diferentes ramas del arte y ámbitos laborales. 

¿Ha virado el recurso judicial de la denuncia hacia las redes sociales? ¿será que las mujeres nos sentimos más cuidadas por otro grupo de mujeres que crea una cuenta en Instagram que por la justicia? 

El recurso de escrache no es nuevo en el mundo. Desde los inicios de la humanidad la denuncia pública en plazas, en las puertas de los denunciados, en los muros, entre otros, ha sido la forma en la cual el ser humano ha expresado su repudio a ciertas conductas de los individuos. Las mujeres hemos participado de muchos, pero por primera vez en la historia, en 2020 sucedió que nos organizamos de forma virtual tras un hashtag y cuentas de redes sociales con el nombres “varones del“ seguido por rubro. Estas cuentas son administradas por otras mujeres, con el objetivo de denunciar y visibilizar situaciones de acoso y abuso por parte de los hombres en diversos ámbitos laborales. 

El camino iniciado en el 2006 por Tarana Burke (precursora del termino me too) fue retomado más de diez años después, tras las denuncias realizadas contra Harvey Weinstein por abusos en el ámbito del cine. Hoy parece haber llegado al Uruguay de la mano de cuentas de redes sociales creadas a modo de espacio de denuncia de víctimas de acoso y abuso dentro del ámbito carnavalero y se viralizó en redes sociales. 

Hace algunos días comenzó en redes sociales Varones del Carnaval, con mas de 52mil seguidores y 262 publicaciones, varias mujeres se atrevieron a denunciar situaciones de abuso y acoso en el mundo del carnaval, muchas además de las cuales trascendieron a este ámbito. 

A estas cuentas se sumaron varias otras de diversos lugares de trabajo y centros de estudio. Donde las mujeres encontramos un lugar seguro de denuncia para visibilizar experiencias que vivimos en esos espacios. Al día de hoy se encuentran varones del audiovisual, la fotografía, policías, del rock, política.

Nos preguntamos si la proclama de las marchas del 8M “a mi me cuidan mis amigas no la policía” o “yo sabía, yo sabía que a los violadores los cuida la policía y la justicia” caló tan hondo que nosotras hoy confiamos en estas herramientas alternativas de denuncia, en lugar de los caminos judiciales tradicionales. 

La justicia está actuando de oficio en varias de las denuncias por haber victimas menores de edad y existe también un caso previo iniciado en 2019, en donde el acusado fue denunciado por violencia de género. Este es un factor que se repite, muchos de los escrachados en redes sociales cuentan en su haber con denuncias realizadas por violencia de género, y agresión entre otras. Comparten, además, la incapacidad en muchos casos por parte de la justicia, de medidas efectivas que protejan a la víctima.  Nuestra hipótesis se fortalece, la red social parece operar de factor de presión y contralor público ante la ausencia de medidas judiciales. Los recursos habituales de denuncia no nos garantizan la no revictimización de la denunciante o la protección de sus datos. Es sabido que lo primero que trasciende en los medios son precisamente los datos de la víctima así como información irrelevante como su vestimenta, gustos, costumbres, como si de ello dependiese nuestra seguridad. En redes parecería en una primera instancia que el anonimato es más preservable y no seriamos blanco de los medios y su insensible manejo. ¿Pero hasta qué punto esto es así? 

Previo a la operación Océano, uno de los actuales imputados había iniciado una demanda por difamación hacia varias de las denunciantes, la cual quedó sin efecto al finalmente ser culpable de las acusaciones. 

El proceso probatorio legal de este tipo de delitos es largo, complejo y con diversas aristas. Las mujeres necesitamos contar nuestras historias y sin dudas las redes sociales son una vía de expresión y presión ante estos abusos del sistema patriarcal. Debemos tener cautela a la hora de realizarlas, para evitar que los culpables escapen por vías legales (como las contrademandas). De la misma forma que es preciso entender que la judicialización algunas situaciones son inviables.

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Es preciso entender que la cultura de la cancelación tiene sus limitaciones, si bien los espacios en redes sociales son válidos, en muchos casos puede ser inviable llegar a una resolución judicial ante la falta de pruebas. Es allí donde tenemos que protegernos para no cometer errores que nos posicionen en lugares más vulnerables y nos revictimicen, corriendo el riesgo de no obtener el resultado que buscamos.

No nos callamos más, de eso estamos seguras. Lo importante es fortalecer nuestro conocimiento y asesoría legal para estar protegidas en esta coyuntura histórica, con una justicia que no siempre nos contempla. 

Ailen Rodriguez Siqueira

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