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Con los pies en la tierra: Grounding, una técnica simple para desestresar y reconectar

en Arte y diseño

¿A quién no le ha pasado que al ver un jardín con el pasto radiante o ir a la playa aunque sea en invierno, le dan unas ganas irresistibles de descalzarse? Incluso, cuando éramos chicos seguro que a todos nos tenían que repetir muchas veces que nos pusiéramos los zapatos (y aún así, cómo costaba hacerlo). Pero resulta que estas ganas de andar descalzo son de lo más normal: nuestro cuerpo quiere y necesita estar en contacto con la tierra. Y hoy en día, volver a esa costumbre de sacarse los zapatos, al menos por un rato, puede ser de lo más beneficioso para nuestra salud.

El Grounding o Earthing, como también se lo conoce, es una práctica que en los últimos tiempos ha tomado fuerza entre quienes están a la última moda en cuanto a calidad de vida. Como su nombre lo indica, se trata de algo muy simple: tomar contacto con la tierra, bajar a suelo. Y no sólo metafóricamente, sino que de forma literal. Es decir, andar descalzos por la tierra, por la arena, tocar el pasto o nadar en el agua, reconectando con la naturaleza como forma de desestresar nuestro cuerpo y prevenir enfermedades. Suena un poco místico y los más escépticos ya deben estar frunciendo las cejas, sin embargo, la lógica por detrás de esto es sencilla y tiene que ver ni más ni menos que con la electricidad.

Partimos de la base de que el ser humano es electromagnético y que para estar sano necesita una conductividad equilibrada. Y, por su parte, la superficie de la tierra está cargada eléctricamente y además es conductora. De esta manera, cuando caminamos descalzos en contacto con la naturaleza nuestro cuerpo se descarga de la energía electrostática acumulada y absorbe electrones cargados negativamente a través de las plantas de los pies. Así, alcalinizamos nuestro organismo y aumentamos nuestra capacidad antioxidante. Sin el suministro apropiado de antioxidantes, los radicales libres pueden abrumar nuestro sistema generando estrés oxidativo, inflamación y envejecimiento acelerado, que se traduce en tensión, dolores de cabeza, cansancio, dolores articulares y musculares, estrés, insomnio, e incluso algunas enfermedades más graves.

En la actualidad, además, vivimos rodeados de radiación electromagnética de aparatos como el celu, la compu,  transmisiones de radio y televisión, wifi, bluetooth, entre muchos otros, de los que absorbemos demasiada carga positiva, lo que vuelve esta práctica aún más necesaria. Sin embargo, vivimos desconectados del suelo a través de los diferentes materiales que utilizamos: el asfalto de las calles, el piso de nuestras casas, las suelas de goma de nuestros zapatos. Todos ellos son aislantes y por lo tanto no permiten el paso de los electrones al organismo.

Es por ello que el Grounding se ha convertido en un hábito revalorado hoy en día. Algo que solía ser natural y cotidiano para nuestros ancestros, como andar descalzos o con zapatos de suela de piel, resulta para nosotros hoy un tanto extraño. Es posible incluso que sobre todo en los meses de invierno, pasemos demasiado tiempo desconectados de la tierra.

Por tales motivos, es que diversos investigadores han realizado estudios que indican que sería ideal pasar al menos 30 minutos de nuestro día realizando esta práctica, que además de todos los efectos físicos puede ayudarnos a calmar nuestra mente, mejorar nuestro humor y re-energizarnos. Aunque quizá esta cifra suene un poco difícil de alcanzar, seguro que podemos intentar pasar un rato cada día al aire libre descalzos o con las manos en el suelo, intentando reconectar. ¿Qué te parece un almuerzo en el parque, estudiar sentado en el pasto, cuidar un poco del jardín o una caminata por la playa?

Incluso hay quienes lo llevan al máximo y se dedican a abrazar árboles, pues afirman que los beneficios de hacerlo son sorprendentes (suena un poco raro quizá, pero googleá “tree hugging” y después nos contás). Y si querés saber más sobre el Earthing, podés mirar Down to Earth, un pequeño documental de 16 minutos que explica más a fondo el surgimiento y la investigación por detrás de este concepto, de la mano de Clint Ober, su mayor impulsor.

Regresar a la naturaleza parece ser un remedio terapéutico inequívoco. Al fin y al cabo, somos parte de ella, ¿no? Hagamos el esfuerzo de desconectar y re-conectar cada día un poco más. ¡Nuestro cuerpo seguro lo agradece!

Artículo por Sofía Dinello

 

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