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¿Pijama si o pijama no?: Vestirnos cuando nadie nos ve.

en Instagram/Lifestyle

Hasta hace solo unas semanas todo estaba, aparentemente,  claro:  No nos vestimos para gustar, sino  para gustarnos a nosotras. 

Defensoras a ultranza de éste manifiesto, hoy nos encontramos en una situación que nos lleva a replantear el mismo. Porqué, ¿Para qué  necesitamos  visibilizar nuestra vestimenta ahora que estando en casa , en teoría, nadie nos ve?. 

Artículo por @nieves.pereyra consultora de estilo 

Hace menos de un mes , estábamos todos preocupados por el tiempo en pantalla.  Nos parecía mal interactuar con nuestros afectos a través de nuestros teléfonos y computadoras,  y estábamos  obsesionados por reducir  el mismo al mínimo “indispensable”.

Hoy en día, soltados los grilletes de culpa y aceptando que comunicarnos,  y mostrarnos por las redes, es la única forma de conectar para muchos, nos encontramos con dos tipos de “encuarentenados”: Los entregados al onanismo absolutista del pijama, y aquellos que en clara estrategia de supervivencia se anotan a cada challenge que haya en la vuelta para sacárselo, en un intento desesperado por mantener un mínimo grado de rutina y normalidad.

En lo personal confieso que he tenido altibajos al respecto. 

Los primeros días, acostumbrada a  esto del trabajo en casa,  y esperando avivar inocentes recién llegados a  esto del #homeoffice, hice un post aconsejando sacarse el  #malditopijama y buscarse un espacio exclusivo para trabajar. 

Una semana después estaba yo misma en pijama, trabajando desde la cama,  y con el pelo sin lavar: Si total, nadie me ve.

Y este es el quid de la cuestión,  porque ¿Para quién nos vestimos en este momento que nadie nos ve? ( y a los que nos ven les importa bien poco)  y por otro lado, ¿cuánto nos afecta ver influencers y cuentas que nos muestran el romanticismo  instagramero de la cuarentena ?.

Lo primero a entender es que si algo nos sobra en éste momento, es público. Uno de los sociológos que estudié en facultad, Erving Goffman, nos plantea en  su libro “La presentación de la persona en la vida cotidiana”, que las personas siempre llevamos a cabo una performance de tipo social, dirigida a crear ante el otro ( El público) una cierta impresión: La cara positiva de nuestro yo, la presentamos de una forma determinada y no de otra,  porque necesita la interacción con el otro. 

¿Alguna vez tuvieron la sensación de estar protagonizando su propia película?. Tranquilos que no están cucú;  De esto se trata ésta performance, la cual continuamos desarrollando aún cuando el público ya no se encuentra presente. No quiero complicarlos con ésta teoría, pero ni nerd interior se regocija ante la fiesta que se estaría dando Goffman hoy día en instagram. 

Las prendas que elegimos usar todos los días al levantarnos, son nuestra carta de presentación al mundo. Podemos ser más o menos conscientes de esto, pero lo que llevamos puesto nos clasifica socialmente y da mucha más información de la que nos gustaría admitir. A nivel social, además, tenemos clasificados los lugares y momentos para llevar tal prenda,  y no otra. No vamos a tomar café con amigos vestidos de fiesta, y no vamos a un casamiento de joggineta. 

Somos seres sociales y queremos encajar, y más allá de ciertas excepciones a la regla, nos movemos en manada. No es casual que en la adolescencia, cuando la necesidad de encajar y pertenecer  es más fuerte, terminemos vistiendo una especie de uniforme con nuestro grupo de amigas: Los miércoles usamos rosa, ponele. 

Estos días, viviendo puertas adentro, las reglas dejaron de existir. 

No salimos socialmente, la mayoría no vamos a trabajar fuera de casa. No hay nadie a quien deslumbrar, o enviar un mensaje.  

Es así que surgen dos fenómenos distintos que tienen que ver con el vestir y con el afuera, súper interesantes. 

Por un lado, la necesidad de vincularnos socialmente y de seguir a esta manada que hoy día ubicamos en las redes sociales , instagram en particular. Y ¿quienes son los líderes de esa manada?. Si, ya saben la respuesta: su influencer preferido. Estos mini presidentes de las comunidades autónomas de instagram, son quienes están marcando en muchos casos el ritmo de nuestro vestir en ésta época de aislamiento social. 

Al ritmo de hay que sacarse el pijama! (Reitero que yo fui una de las que insistí con la premisa) y gestionando cientos de challenges al respecto, el mundo de la influencia nos arengó durante 10 días aproximadamente , a “no dejarnos estar” . 

No vamos a hablar en ésta ocasión sobre el romanticismo exacerbado de la “cuarentena”: Ese  mundo de fantasía perfectamente construido en paralelo a la realidad de muchos, donde tejemos una colcha de crochet y nos hacemos la tinta, mientras probamos distintas recetas de pan de banana fit. Eso lo dejamos para los sociólogos del futuro, o para otro artículo.

El hecho es que  veníamos divino con ese plan, hasta que la realidad comenzó a asomarse, planteándonos la pregunta de si éramos nosotras que no estábamos a la altura de la circunstancias, o eran esas “influencers” que no estaban mostrando la “realidad”.

Para empezar, esta situación particular que estamos viviendo, puede ser un buen momento para entender  de una vez, que lo que nos venden en las redes es aspiracional y construido. Si, en teoría todos lo tenemos claro pero caemos una y otra vez en la ficción de instagram, y en estos momentos, es peligroso para nuestra salud mental, el bien mayor a cuidar en ésta situación.

En el mundo de la “influencia” jamás se mostró la realidad, así como las Kardashians tampoco muestran la casa en la que realmente viven. 

No sabemos, aunque creamos que si, cómo está pasando esa “figura pública” la cuarentena. Cómo se levanta, qué grado de ansiedad tiene, o cómo se siente ante la incertidumbre que vivimos estos días.

Quizás solo se viste para hacer un vivo o subir una story porque le enviaron algo y lo tiene que mostrar (Y el resto del día se lo pasa comiendo helado al  mejor estilo Bridget Jones #quienpudiera ). 

Somos todos seres humanos lidiando con una situación desconocida, así que es mejor ni juzgar, ni compararnos. 

Principalmente para nosotros simples mortales: No compararnos. Va a haber días que tengamos ganas de vestirnos y hasta maquillarnos, y va a haber días que queramos pasarlos en pijama,  y está perfectamente bien que así sea. 

Nadie nos está imponiendo qué hacer, salvo el teletrabajo por zoom : Recomiendo cambiar la parte de arriba del pijama por algo más laboral cuando tengas reunión con tu jefe. Salvo él o ella trabajen de pijama también, ¿Quién te dice?. Nunca se sabe que está pasando fuera del encuadre… 

Y la segunda situación interesante que se está dando, y de la que hablamos el otro día en un vivo con la psicóloga Daniele Restano es que hay un fenómeno que hace que tengamos ciertos mecanismos a los que recurrimos como forma de auto confortarnos en situaciones de crisis. 

Hay comportamientos, entre ellos el vestirnos de determinada forma, que hacen que nos sintamos mejor porque esa rutina es la que nos resulta conocida : Somos animales de costumbre, y ante la incertidumbre, la rutina nos protege. No es para nada raro entonces, que cuando nos vestimos al levantarnos, aún para quedarnos en casa, ese simple acto nos haga sentir mejor, inmediatamente. 

Es que mediante  ese ritual evocamos tiempos mejores, recordamos situaciones de felicidad . Las personas siempre elegimos qué ponernos buscando repetir, o evitar , situaciones de nuestro  pasado. Estos pequeños gestos de autonomía en un momento de notoria carencia de la misma,  nos permiten ser dueños de nuestra imagen nuevamente,  y reforzar la autoestima maltrecha. 

No importa si alguien nos ve, o no. Nos vestimos para reforzar el recuerdo de esos momentos,  en que nos sentimos bien. 

Así que si les hace bien,  planchen la camisa que van a usar para hacer home office hoy, aunque no tengan una reunión pautada. Usen ese lápiz de labios que les levanta el ánimo, aunque no suban la selfie a ninguna red social. 

Aprovechen al cambio de armario ahora que tenemos más tiempo ( Entre la rutina de yoga y el curso de bordado virtual ) y jueguen con las prendas que hay en él mismo. Pruebensé, y saquensé fotos para recordar el lookete que armaron en ese instante de creatividad. 

No hay reglas porque nunca vivimos algo igual,  así que creensé las propias. 

Es  un buen momento para sacar a relucir nuestro lado lúdico y vestirnos de una vez,  como nos da la gana. Pero de verdad! 

¿Pensaron en ponerse a trabajar con esa blusa de lentejuelas que guardan para salir de noche, o quedarse en culotte de algodón con la remera agujereada que te dejó un ex en 2005?. Las invito a llevarlo a cabo. Nadie nos está viendo, y si deciden registrar estos momentos en instagram  creanmé que nadie va a guardar la captura de pantalla de esa story con el look absolutamente ridículo que subiste ayer. O sí, pero con todo lo que nos está pasando, para cuando tengas que mirar de nuevo a tu familia y  amigos a la cara, lo que les va a importar realmente , es darte un abrazo apretado . 

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