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Armarios inteligentes: Mi experiencia 

Cuarentena es igual a self love para mi, creo que es importante que entre el #HomeOffice y el estrés que nos genera el encierro encontrar cosas para hacer que nos hagan bien. 

El tema de la imagen personal y el desarrollo de mi estilo es algo que vengo persiguiendo hace años. Mi relación con el ropero fue siempre de frustración. Tardes enteras de abrirlo, pasar rato viendo qué ponerme para darme cuenta de que no tenía nada que me gustara, para volver a ese  único conjunto con el que me siento cómoda, ha sido uno de los compartamientos compulsivos que quiero dejar. La sensación que estaba por debajo de lo que podía y quería dar, me perseguía todo el día, todo el tiempo… hasta que tuve la oportunidad de hacer el curso de Armarios Inteligentes de Nieves Pereyra. 

 

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Art. por Karen Fabregat @confesiones_de_una_millennial

Para mi alivio, no estoy sola. Según un estudio que hizo la marca británica  Marks & Spencer, de dos mil personas entre hombre y mujeres, el diez por ciento declaró que suele llegar tarde al trabajo por no saber qué ponerse. Y una de cada veinte declaró haber cancelado una cita por no saber qué usar. Debo confesar que si hubiera participado de ese estudio, yo sería una de las que lo hizo. Sí, aunque no lo creas, cancele eventos gracias a la frustración que me agarraba a la hora de vestirme, sobretodo cuando sentía que a donde iba, podía experimentar algún tipo de presión. Es que para mi, la vestimenta, no es solo proteger  nuestro cuerpo como podría ser a los comienzos de la civilización. El vestir y la moda han evolucionado al punto de volverse arte, que puede mostrar nuestra individualidad, personalidad y valores. Y ustedes me dirán, – dónde está la individualidad si después andamos todos iguales por la calle? Y ahí radica el encontrar un estilo propio. Que a diferencia de lo que muchos pueden creer, el estilo propio no es el repetir lo que se usa, o lo que está de moda, es utilizar las prendas para mostrarnos. Dos personas pueden utilizar una misma prenda, pero cada una lo va a hacer de acuerdo a su personalidad, y ahí, en ese punto radica toda la diferencia y sale a la luz quienes somos o que queremos transmitir. 

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Claro, no fue tarea sencilla entender eso, y menos encontrarlo. Para mi alivio, Nieves me guió en el proceso ayudandome a reconocer y encontrar aquello con lo que me siento a gusto y lo que quiero comunicar con mi imagen. Para mi fue terriblemente enriquecedor y aunque algunos ejercicios fueron más intensos que otros, la búsqueda personal la disfruté a tope. 

El curso parte de la premisa de que la prenda más sustentable es aquella que ya tenes en el placard, para eso, revolvemos todo lo que hay analizando el porqué y para qué tenemos cada una de las piezas. Por momentos el espíritu de Marie Kondo debió apropiarse de mí y tuve que deshacerme de esas prendas que hacía tiempo tenía en el armario y no utilizaba. A propósito de esto, un estudio de la agencia OnePoll demostró que por año, las mujeres invertimos más de cien horas y treinta idas al mall para comprar ropa, cuarenta horas y quince viajes para comprar zapatos y en promedio pasamos cincuenta horas al año mirando vidrieras. Unas cifras un poco altas para luego llegar a casa y no tener nada que ponernos, no? El problema radica en la forma en la que compramos y ¡Gracias Nieves por enseñarnos a comprar mejor! 

Uno de los días, justo coincidió con que la cuarentena y la distancia social se estaban sintiendo en mi estado de ánimo. Por suerte para mi, ese día tocó uno de los desafíos más divertidos. Puse una buena playlist y jugué con mi armario. Encontré conjuntos con los que me miré en el espejo y dije – esta soy yo- y otros con los que me sentí otra persona. Busqué inspiraciones y traté de recrear looks que me habían gustado y me sentí liberada. Darme cuenta de que realmente puedo crear un montón de opciones con las piezas que ya tengo, me alivianó totalmente. Sepan disculpar, pero soy una fuerte creyente de que los pensamientos influyen en nuestra vida, en nuestro humor y hasta lo que atraemos. Por eso también me frustraba el sentir que no tenía ropa para ponerme, porque esos son pensamientos de escasez. La frase “no tengo que ponerme”  hacer foco en todo lo que nos falta o nos gustaría tener, envía el mensaje equivocado al universo. Debemos aprender a enfocarnos en lo que tenemos y lo que podemos hacer ahora, -ocuparnos y no preocuparnos- Hasta en este punto me cambió el curso! De hecho, luego de Mariekondear el ropero me asaltó un sentimiento de estrés mayor, porque claro, al deshacerme de muchas prendas, por más que algunas hacía tiempo no usaba, estaban ahí de reserva, por si las moscas. Ver lo que había quedado me hizo pensar que ahora sí, no tenía ropa. Creo que la satisfacción final, fue mayor gracias a eso. 

Y ¿saben qué fue de lo más lindo? La contención que surgió del grupo. Ver que no estoy sola, que no soy la única que se esconde en su ropa, que no solo a mi me frustra vestirme cada vez que me levanto o tengo un evento. Siempre lo digo y con estas cosas es cuando más lo siento, las mujeres tenemos algo especial, una especie de lazo mágico con las otras, aunque no las conozcamos físicamente, aunque las hayamos visto ni una vez en la vida, cuando queremos somos capaces de levantarnos las unas a las otras, de apoyarnos con palabras de aliento cuando más lo necesitamos. Porque aunque en un principio sentí que podía ser vergonzoso exponer mis inseguridades o miedos, fue más que empoderador, estaba en un círculo de contención y amor. 

Cuando comencé, una de las primeras cosas que dije fue “no tengo casi ropa”, luego de uno de los ejercicios, me di cuenta que no solo tenía ropa, sino que podía crear conjuntos como esos que veía en Pinterest y que me encantaban. Esa es la magia de Nieves, ayudarnos a ver lo que tenemos y cómo podemos usarlo a nuestro favor. Eliminar todo aquello que entorpece nuestro camino hacia una mejor versión de uno mismo, buscar la funcionalidad de nuestra ropa y el mensaje que queremos transmitir con ella.  

Estamos en un momento ideal para hacer cambio de armario, limpieza y donar aquello que sabemos que no usamos más. Pero la diferencia de hacer este curso es que fue el primer paso a un armario más accesible, más nuestro, más económico y no por ello más aburrido. No se trata sólo de básicos, sino de cómo adaptarlos a cada estilo propio, porque yo no tengo el mismo armario que una ejecutiva, que una maestra o una chef, y esa es la belleza de todo esto.  

 

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Este curso fue un momento bisagra, porque no solo aprendí que es un armario inteligente y adapté el mío para sacarle mayor provecho, sino que me descubrí  probando prendas combinaciones y colores que me sacaban de  la confort zone y me sorprendí con los resultados. Por suerte no terminó el trabajo ahí, es algo que sigo construyendo y me alegro! Ojalá todas tengamos la oportunidad de redescubrirnos. 

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