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Confesiones de una flexitariana

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El término “flexitarianismo” hace referencia a los vegetarianos flexibles, es decir, personas cuya dieta se basa en vegetales, frutas, lácteos, huevos y granos, y ocasionalmente consumen carne o derivados de la misma. Esta forma de alimentación llega etiquetada bajo un concepto que tiene límites bastante complicados de definir.

La primera confesión que debo hacer es que detesto la palabra “flexitarianismo”. Entiendo que el lenguaje es algo que por su naturaleza va cambiando, y por eso lo que me molesta no es que surjan palabras nuevas, pero me rechina el hecho de que se hagan etiquetas para todo. De cualquier manera, me guste o no, con toda la hipocresía que le encuentro al término tal cual es concebido, todo parece indicar que soy flexitariana, como tal vez sin saberlo lo son muchos de los que están leyendo esto.

Este término viene de la unión de las palabras “flexible” y “vegetariano” y se refiere a quienes llevan una dieta basada en frutas y verduras y que de vez en cuando incluyen algo de carne, pero como excepción y no como norma. Eso lo que justamente no me convence de este término: vegetariano se es o no se es, y si una persona consume carne aunque sea una vez cada tres meses, no lo es. Por algo hasta el día de hoy ninguna organización vegetariana reconoce al flexitarianismo como una categoría del vegetarianismo.

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El flexitarianismo, en esta ola de tendencias de dietas que se jactan cada una como la mejor, aparece en el escenario acompañado por muchas otras palabras difíciles de pronunciar y que por lo general necesitan ser explicadas, como ovolactovegetarianismo (la más conocida), pescetarianismo, crudivorismo, frugivorismo.

El término flexitarianismo tiene su primer registro en la década del 90 en Estados Unidos. La denominación apareció más precisamente en el número del 17 de octubre de 1992 del Austin American-Statesman, el principal periódico diario de Austin, Texas.

En esta publicación, la periodista Linda Anthony escribió un artículo titulado “Acorn sirve ‘comida flexiteriana’”. En aquellas líneas la reportera hablaba sobre la apertura de Acorn Café y contaba que la dueña, Helga Morath, denominaba su comida como “flexiteriana”. Poco más de una década después, hacia el año 2003, la American Dialect Society votó “flexitariano” como la palabra más útil del año, y la definió como “un vegetariano que ocasionalmente come carne”.

Al parecer soy flexitariana, por mucho que me suene mal: en mi casa no cocino nada con carne, pero cuando como afuera o alguien me ofrece algún plato que tenga carne o algún derivado de la misma, si tengo ganas, acepto. La periodicidad con la que los consumo depende de esos factores, pero si tuviera que promediarlo diría que una vez a la semana. Podría decirse que el 90% del tiempo llevo una dieta vegetariana, según la misma gente que acepta que flexitarianismo es un tipo de vegetarianismo.

¿Por qué me alimento así? (me molesta que la gente deba dar explicaciones, pero en el contexto de este artículo creo que contar un poco viene a completarlo) Fui ovolactovegetariana estricta durante casi nueve años y lo que siempre tuve claro fue que iba a ser fiel a mí misma en todo momento: no consumía carne porque no me llamaba la más mínima atención, porque probé dejarla de lado y en aquel entonces me comencé a sentir mejor y más liviana comiendo cosas que no tuvieran carne o derivados, y por varios motivos más. Pero básicamente, no sentía la necesidad de consumir carne. Hace un tiempo, sin embargo, sentí que mi cuerpo me lo pedía y cumplí con eso que había sido una especie de promesa: no ser hipócrita y si tenía ganas de comer o sentía la necesidad de hacerlo, entonces hacerlo. Aunque suene un poco volado, estoy convencida de que al cuerpo hay que sentirlo y prestar atención a lo que pide.

BENEFICIOS

Más allá de que el término flexitarianismo guste o no, de que parezca más o menos hipócrita y que sea dificilísimo de delimitar (¿se es flexitariano comiendo carne una vez a la semana, dos, tres veces?¿y qué cantidades?), lo cierto que es la forma de alimentación que plantea, si es bien realizada y como aconsejan los nutricionistas es acompañada por ejercicio y un estilo de vida saludable, es sin dudas positivo.

La dieta flexitariana va en línea con las recomendaciones que viene haciendo la Organización Mundial de la Salud (OMS) desde hace años: bajar la cantidad de consumo de carne, sobre todo la roja, y aumentar el de frutas y vegetales.

Por un lado, las investigaciones señalan que hay una relación entre el alto consumo de carne roja y ciertas enfermedades. Por otro, el hecho de que se coman menos frutas y verduras que las recomendadas viene de la mano de un creciente consumo de productos ultraprocesados, que son la base de enfermedades no transmisibles como por ejemplo la obesidad o los problemas cardíacos. Es a raíz de este tipo de patologías que cada año fallecen 40 millones de personas en el mundo, lo que equivale a 70% de las muertes, según datos de la OMS. Se calcula que la ingesta insuficiente de frutas y verduras provoca a nivel mundial 19% de los cánceres gastrointestinales, 31% de las cardiopatías isquémicas y 11% de los accidentes vasculares cerebrales.

En Uruguay, puntualmente, el consumo de frutas y verduras es una de las carencias más relevantes de la alimentación: la gente consume apenas la mitad de la cantidad de frutas y verduras recomendadas por la OMS, según la cual cada individuo debería ingerir por día unos 400 gramos de ellas. Y datos del Ministerio de Salud Pública muestran que los niveles de sobre peso y obesidad en la población son alarmantes: afectan al 65% de los adultos y a casi el 40% de los niños.

La OMS, el MSP, los nutricionistas particulares, todos aconsejan comer más frutas y verduras y menos cantidad de carne, sobre todo la roja. En eso hay consenso y las ventajas de tener una dieta del estilo flexitariano vienen entonces como anillo al dedo.

Pero aclaremos: el hecho de ser vegetariano o flexitariano por sí solo no significa que la dieta sea saludable. Un vegetariano puede pasarse a papas fritas. Un flexitariano puede comer galletitas y consumir bebidas azucaradas en exceso. Y esas formas de alimentarse, por más que no contenga carne o la que se coma sea poca, no es saludable.

¿Y LA DIETA MEDITERRÁNEA?

Luego de haber pasado años sin consumir nada de carne y hoy en día hacerlo de vez en cuando, puedo decir que me siento con mucha más energía, pero además noto que mantengo mi peso, bajé el colesterol que tenía un poquito alto, tengo en orden mis niveles de hierro y vitaminas. Pero hay algo curioso que casi nadie menciona al hablar de flexitarianismo: ¿qué diferencias tiene con la dieta mediterránea? Casi ninguna o ninguna. Entonces, podríamos estar poniendo etiquetas a cosas que ya tenían un nombre y ya eran conocidas desde hace mucho tiempo.

La dieta mediterránea se basa en frutas y vegetales frescos, legumbres, lácteos, huevos. Es un tipo de alimentación en la que las carnes, teniendo muy presente al pescado, siempre se consumieron de manera ocasional. Hace años esto sucedía más que nada por la falta de recursos, pero lo cierto es que hasta el día de hoy la dieta mediterránea es considerada una de más saludables del mundo.

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Entre los beneficios enumerados por los profesionales de la salud de este tipo de dietas está el hecho de que al comer cantidades no tan elevadas de proteínas animales se consumen menos grasas totales y saturadas, además de que la persona toma más fibra por lo que los índices de colesterol y triglicéridos serán mejores. También, desde otro punto de vista ya no médico, este tipo de dietas son consideradas más respetuosas con el medio ambiente ya que cultivar vegetales exige menos recursos naturales que la producción de carne.

Después de este espacio para acercarnos a analizar el flexitarianismo, podríamos decir que la dieta perfecta no existe y que las etiquetas poco importan: la clave es comer equilibrado y llevar un estilo de vida saludable. Las etiquetas van y vienen, indiquen lo que indiquen, pero cuidar del cuerpo y la salud es un compromiso con nosotros mismos para toda la vida.

Artículo por Rosana Decima – @locaporlosplatos

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