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 D the Brand by Sabina Deus

en Moda/Tendencias

Dicen que los sueños se cumplen, siempre y cuando vayamos tras ellos. Y así lo sabe Sabina Deus, una joven diseñadora de modas oriunda de la ciudad de Durazno que actualmente se encuentra radicada en España. Todo comenzó en 2011, cuando viajó al viejo continente para acompañar a su novio Luke que estaba de gira con su banda, y tras recorrer varios destinos, quedaron enamorados de Madrid. Desde este entonces supieron que en algún momento volverían para quedarse. Así fue.

Ya establecida allí, Sabina estaba decidida a hacerse un camino en el mundo de la moda: golpeó la puerta del estudio de Agatha Ruiz de la Prada -nada más y nada menos-, donde no solo le recibieron su porfolio sino que le dieron un lugar como pasante para la semana de la moda. “Fue una experiencia muy colorida y hasta surrealista, donde conocí grandes personas, el equipo de Agatha es maravilloso”, nos cuenta. Luego de este gran desafío, la diseñadora se tiró al agua con un proyecto propio que rompe con los esquemas de la moda actual y el creciente fenómeno del fast fashion. D the Brand es una marca fresca y prometedora, con valores bien marcados y una estética limpia y minimalista, pero por sobre todo con un fuerte compromiso como firma sustentable. Básicamente, “D” es todo lo que necesitamos hoy en día: ropa versátil, duradera y de bajo impacto a la polución medioambiental.

 ¿Qué diferencias crees que hay entre la mujer uruguaya y la española?

 La mujer uruguaya, en cuanto a la moda, es tradicional y no le gusta mucho llamar la atención, pero a su vez tiene una elegancia innata y es muy creativa. Creo que en general se sabe vestir bien y tiene estilo. Es fanática de los básicos, no sigue mucho las tendencias internacionales, prefiere prendas versátiles, tiene un estilo más bien descontracturado y práctico. Es natural, no suele usar mucho maquillaje. En cuanto a la actitud, creo que tiene un perfil bajo pero que forma parte de su encanto. Por otra parte, las españolas son una mezcla entre modernidad y folclore, y les gusta llamar la atención. Desde primera hora de la mañana, se las puede ver maquilladas e impecables, con los labios rojos como para comerse el mundo. Es atrevida, va de frente y sin vueltas, no se calla nada. Se arregla para ella, no para los demás y se pone lo que tenga ganas. La mujer española también es extremadamente coqueta, se hace peinados, usa muchos accesorios y de noche taconazos. También sigue la moda y las tendencias, por lo que quizás está más condicionada por la industria. Definitivamente no pasa desapercibida.

Cuando mis amigas uruguayas me vienen a visitar a Madrid, les llama mucho la atención el hecho de poder vestir lo que quieran sin sentirse juzgadas ni que te miren raro. De compras, eventualmente encuentran prendas que les encantan pero que creen que no podrían usarlas en Uruguay. Me parece muy curioso como esa “necesidad de pertenencia” con la que se convive en mi país termina generando tendencias propiamente nacionales muy interesantes, como los accesorios de Agnes Lenoble por ejemplo, que tienen una impronta personal que es muy uruguaya y que a su vez son piezas de arte originales. No se trata de que la mujer uruguaya no se anime, sino que es muy selecta y tiene que sentirse cómoda y segura, lo que resulta en un estilo muy elegante.

Cuando mis amigas uruguayas me vienen a visitar a Madrid, les llama mucho la atención el hecho de poder vestir lo que quieran sin sentirse juzgadas.

¿Cuál es el momento que está viviendo hoy España en cuanto a la industria de la moda?

A nivel mundial, creo que estamos en un estado muy crítico. La industria de la moda se ha vuelto la segunda más contaminante del mundo. Continuamente, se desperdician grandes cantidades de agua, se emplean pesticidas, fertilizantes y químicos nocivos en el proceso de teñido y producción de los textiles, a costa del daño medioambiental y de la salud de muchos trabajadores del rubro. Además de ser una de las industrias más cuestionadas en cuanto a derechos laborales y denunciada constantemente por muchas organizaciones alrededor del mundo por explotación infantil en fábricas. La industria de la moda en España es más que nada fast fashion, es reconocida a nivel mundial por el grupo Inditex, pionero en retail y cuna de reconocidas marcas como Zara, Bershka y Pull and Bear. Las personas no están acostumbradas a ver la ropa como basura, en Uruguay, por ejemplo, donde el consumo es mucho menor no se percibe tanto de esa forma; sin embargo, acá en España, se consiguen prendas por un par de euros, incentivando al consumo desmedido.

De todas formas, creo que el mundo está cambiando. Hoy en día la generación de millennials se muestra exigente y crítica, se preocupa por el medio ambiente, por temas sociales y cuestiona constantemente los modelos de negocio de los grandes grupos textiles. Por suerte, también se empieza a ver una tendencia que lleva a la introspección, y como a muchos, creo que a mí también me llegó.  De hecho, últimamente se habla del apocalipsis del modelo retail. El crecimiento de Inditex, en 2015 fue de un 15,36%, un año más tarde descendió a 11,54%, y en 2017 llegó a 8,67%. La cadena sueca H&M en 2017 creció solamente un 4% y reconoció que su modelo de negocio había caducado. Creo que poco a poco la sociedad va tomando conciencia y eso claramente se ve reflejado en el consumo.

¿Qué desafíos tuviste que afrontar al comenzar un proyecto nuevo, que además es tan personal?

El principal desafío fue estar en un país nuevo, era como jugar de visitante, no fue fácil porque no tenía ningún contacto por lo que tuve que generar todo de cero. Me llevó varios meses de research y de formalizar el proyecto hasta poder arrancar. También tuve que aprender a trabajar con personas diferentes a las que acostumbraba, aprendí con mucha paciencia lo que es depender de otros, y cómo las cosas difícilmente salen como se planean, por eso siempre hay que tener un plan B. Todo el proceso fue y continúa siendo de crecimiento y aprendizaje, trato de mejorar día a día. Aún sigo sorprendiéndome de mi misma y de lo que soy capaz de ser o hacer.

¿Cómo crees que reacciona el público madrileño ante propuestas de diseño nuevas e innovadoras??

El público madrileño es muy receptivo, lo cual me parece genial. Siempre están abiertos a nuevas propuestas. Además, son muy expresivos y te dicen lo que piensan, eso te da ánimo y motivación. Tengo la suerte de haberme cruzado con personas maravillosas que se sumaron a mi proyecto de forma voluntaria y desinteresada para aportar su visión y talento, porque confían en la filosofía de la marca y confían en mí. Eso me llena de orgullo y gratitud.

A nivel mundial, creo que estamos en un estado muy crítico. La industria de la moda se ha vuelto la segunda más contaminante del mundo.

¿Crees que se sienta alguna diferencia para un proyecto que viene de alguien de afuera?

Creo que el hecho de ser de afuera es lo que más les llama la atención, suelen demostrar interés por saber más, además son muy curiosos y abiertos, eso es algo que me encanta de Madrid y de su gente, que me hace sentir como en casa.

¿Hace mucho tiempo venís con esta idea? ¿De qué se trata “D the Brand” y qué es lo que intentas transmitir con ella?

Con la idea de tener mi marca desde siempre, desde que entré a la EUCD tuve claro que no quería diseñar para otra marca, que quería tener la mía propia. D the Brand nace como un proyecto entre mi primo Fede y yo, en el cual sumamos a nuestras parejas María y Luke. Juntos lo llevamos adelante impulsados por la idea de emprender algo propio y personal, bajo nuestros valores. ¿Por qué una marca de ropa? Porque la moda es mi vocación y a Fede le gusta, me atrevo a decir que solía ser bastante fan de mis diseños. Empezamos a hablar del proyecto como un sueño y un día nos tiramos al agua para concretarlo. Creo que todos crecemos y evolucionamos de alguna forma, he aprendido mucho de la moda y de la industria a medida que me fui profesionalizando. Construí un pensamiento crítico que me hizo reflexionar y me motivó a buscar soluciones frente a este problema.

Por suerte coincidimos muy bien con Fede y así nació D, desde el principio tuvimos claro que iba a ser un proyecto sostenible con conciencia social y ambiental. Producimos en España, más específicamente en Madrid, para poder asegurarnos de que los talleres estén regulados y se cumplan los derechos de los trabajadores, también para contribuir a la conservación y creación de empleos en el sector textil y para poder hacer un seguimiento cercano de la producción que nos asegure un producto de primera calidad. A su vez, producimos pequeñas cantidades de cada producto para mantener la exclusividad de los diseños y minimizar los residuos.

Nuestros diseños son minimalistas y modernos pero atemporales a la vez. Somos prêt-à-porter, y a su vez, nos obsesionamos con cada detalle como si se tratara de alta costura. Nos preocupamos tanto por el exterior como por el interior porque creamos ropa para toda la vida, nuestro sueño es poder ver de aquí a algunos años nuestras prendas D vintage por el mundo y que las personas puedan usarlas, heredarlas y que otras las sigan cargando de historias y de vida. Por esto también, además de hacer foco en la calidad de confección, buscamos la más alta calidad en tejidos y optamos por aquellos sostenibles. Esta colección está confeccionada en un 95% con algodón orgánico con certificación GOTS (Global Organic Textile Standard). De esta forma, nos aseguramos que se cumplen con estrictos requisitos y condiciones de producción de la fibra sin químicos ni blanqueamientos, requisitos ambientales, criterios sociales, y parámetros técnicos de calidad. También los insumos como etiquetas, botones y hasta el packaging son hechos a partir de materiales reciclados y reciclables a futuro. Estamos constantemente en la búsqueda de nuevas alternativas sostenibles para seguir mejorando.

Cuando hablas del lema “diseñamos para personas”, ¿te referís a la esencia unisex de la marca?

Cuando digo que diseño para humanos es la realidad, yo diseño ropa para todo el que se la quiera poner sin hacer distinción de género, porque creo en la libertad de expresión a través de la vestimenta. No me considero afín del término unisex ni tampoco creo que nuestra ropa lo sea, sino que D refiere a prendas que no son específicamente confeccionadas para un género y que pueden ser usadas por ambos. Hoy en día, no hay estereotipos en cuanto a siluetas.  Creo que cada uno tiene que sentirse libre de ponerse lo que quiera, y como diseñadora no le voy a establecer límites a mi ropa, diciendo que determinadas prendas son de mujer o son de hombre, me parece antiguo y estamos hablando de moda.

Diseño ropa para todo el que se la quiera poner sin hacer distinción de género, porque creo en la libertad de expresión a través de la vestimenta.

¿Cómo crees que reacciona la “masa “ante este tipo de propuestas?

Bien, a mi realmente me salió natural. Mientras diseñaba la primera colección me di cuenta de que quería usar todas las prendas que supuestamente iban a ser de hombre, entonces me pareció que no tenía sentido. Lo mismo paso con las prendas que serían para mujer, pensé: ¿quién soy yo para decirle a un chico que esta falda es de mujer? Si le gusta (y ojalá que le guste) que la use. Ahí me di cuenta lo absurdo de la cuestión y de los estereotipos sin sentido que existen en la moda.

 ¿Cómo es trabajar con materia prima orgánica? ¿Qué implica?

Es una responsabilidad enorme porque detrás de la materia prima orgánica, está el trabajo de los agricultores que la cultivaron y cosecharon de forma orgánica, haciendo uso óptimo y sostenible de los recursos naturales locales con prácticas naturales como la rotación de cultivos o abonos de animales en vez de fertilizantes artificiales, el control de plagas mediante métodos autóctonos o insectos, etc. Además, se recolecta a mano para evitar defoliantes como los que se utilizan en el algodón convencional, que al recolectarse con maquina se tiene que rociar la plantación con herbicidas químicos para que las hojas se caigan antes de recolectarlo.

Estamos constantemente en la búsqueda de nuevas alternativas sostenibles para seguir mejorando.

¿Qué diferencias encontrás entre una marca convencional y una que se preocupa por el consumo consciente y el medio ambiente? ¿Crees que la gente está dispuesta a pagar más por este tipo de propuestas?

Son completamente diferentes. Cuando se tiene responsabilidad social y ambiental se está constantemente buscando alternativas a los métodos convencionales, lo que hace que sea más difícil, cueste más caro y lleve más tiempo, pero en definitiva es lo correcto y hay mucha gente que actualmente valora eso y está dispuesta a pagar más. Creo que no lo ven como algo negativo porque saben que la forma de cultivo de algodón orgánico y todos los beneficios que tiene cuestan más, porque se les está pagando el precio que corresponde a las personas que trabajan en la producción de esas prendas. Cada vez la gente cuestiona más los precios, y cuando una prenda es muy barata se debería cuestionar cuánto en realidad costó el tejido y por qué costó tan barato, y cuánto le pagaron a la persona que lo confeccionó, y partiendo de ahí tomar la decisión de si comprarlo o no. Yo empecé con esa práctica desde hace varios años ya.

 ¿Cómo es la vida del diseñador en Madrid?

¡Full time! Trabajo en casa y la verdad que por un lado es un placer porque tengo una terraza que da a una plaza y el sol entra por el ventanal cada mañana, pero por el otro, pueden ser las dos de la madrugada y seguir trabajando. Es de no parar, más aún cuando se trabaja para uno mismo y cuando es de pura vocación. También demanda salir mucho, visitar los talleres, tiendas de telas, mercerías, clientes, eventos. A veces solapar la vida social con el trabajo es difícil cuando se emprende, pero hago lo mejor que puedo. También trabajo en vestuario y estilismo, así que cuando no estoy con mi propia marca estoy con otra actividad relacionada. En Madrid, siempre pasan cosas y hay que aprovechar todas las oportunidades. El ritmo de la ciudad es muy intenso, con mucha gente y concurrencia en todos los sitios, pero hay que tener paciencia e intentar disfrutar. La verdad, me siento privilegiada de poder trabajar de lo que me hace feliz en una ciudad hermosa que me abrió las puertas y me hizo sentir como en casa desde el primer momento.

¿Cuál es tu proyección a futuro para D the Brand?

Mi proyección a futuro es abrir un guide shop en el centro de Madrid, pero todo a su tiempo y paso a paso. Recién terminamos de participar en Momad, una feria de negocios y tendencias que se realizó los  días el 8, 9, y 10 de febrero, y tenemos el lanzamiento del fashion film de la marca muy pronto con una sorpresa que tiene que ver con una colaboración muy especial.

Me siento privilegiada de poder trabajar de lo que me hace feliz en una ciudad hermosa.

¿Cuáles crees que sean las mayores similitudes y/o diferencias entre el diseño uruguayo y el español?

Cuando hay menos variedad en cuanto a insumos, es cuando surge más la creatividad, y creo que en Uruguay hay grandes talentos creativos. El secreto está ahí, en la calidad y el talento de las personas que trabajan en moda. Todavía se conserva la artesanía y eso hace que las piezas tengan un encanto especial. Quizás cuando estaba en Uruguay sentía en falta “la industria”, pero estando acá que todo está tan industrializado siento que extraño mi modista de confianza, mi peletero, mi taller de serigrafía, mis tejedoras. En España, muchos diseñadores inevitablemente terminan diseñando prendas comerciales, condicionados por la industria y guiándose más por las tendencias que por conceptos propios de su identidad.  Aunque también hay grandes talentos que siguen sacando partido de las técnicas tradicionales y tienen conceptos muy marcados y una identidad muy personal como Leandro Cano, Palomo Spain o Teresa Helbig.

Creo que en España se tienen muchas facilidades en cuanto a insumos, fabricación, logística de envíos y demás, pero también se encuentra todo tan industrializado que al querer hacer las cosas de una forma más tradicional o artesanal, puede resultar muy difícil y excesivamente caro. Igualmente, si algo tiene Madrid y el país en general, es que no deja de sorprender jamás. Todo el tiempo surgen nuevas oportunidades y nuevos contactos que me convencen de que nada es imposible y me motivan para seguir adelante.

Si hay algo que Sabina Deus tiene muy claro, es su responsabilidad como diseñadora para cambiar el estado de las cosas y, en especial, la industria de la moda. La evolución del fast fashion fomenta el consumo desmedido de prendas de baja calidad, con ciclos de vida cada vez más cortos, generando así miles y miles de toneladas de desechos al año, cantidades inmensas que demoran cientos de años en descomponerse. Más propuestas como esta hacen falta en todo el mundo, esperamos poder ver más de D the Brand muy pronto y, si te quedaste con las ganas de quedarte con algo, date una vuelta por su página web.

Artículo por Ana Clara Beraza

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