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navidad vegetariana

Confesiones de una millennial: mi primera Navidad vegetariana

¡Ahhh! Qué tema el uruguayo y el asado. No hay domingo que no pases por un barrio y no sientas olor a carne asada. Parece que cualquier excusa es válida para juntarse alrededor de la parrilla y “tirar una carne”. Lo primero que me preguntaron cuando me mudé fue: “¿tiene parrillero la casa?”  De hecho, recuerdo que en uno de mis trabajos anteriores a la hora de mudar las oficinas, uno de los requisitos que me pidieron para filtrar las opciones de nuevas locaciones fue esa, que el lugar tuviera parrillero.

Artículo por Karen Fabregat – @confesiones_de_una_millennial

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Seguramente como en sus casas, en la mía siempre pero siempre se comió carne a la parrilla para las fiestas. A mí nunca me gusto ni el cordero ni el cerdo, por lo que me hacían tiras de asado, pulpón o pollo. Los 31 de diciembre, bajo protestas -porque es mala suerte- mi madre me encargaba pollo arrollado y esa era mi cena junto con una ensalada que acompañe, claramente. Para que entiendan lo carnívora que es mi familia les voy a contar dos anécdotas. Mis padres están divorciados por lo que en las fiestas me divido, 24 y 25 con una parte, y 31 y 1 con la otra. Desde que tengo uso de razón, Nochebuena y Navidad se junta casi toda la familia por parte de mi abuela paterna y las reuniones de “comité de comida” comienzan en noviembre: que qué vamos a comer, que dónde compramos el cordero, que Karen no come cordero hay que comprar asado, que a fulana le gusta el pollo, etcétera, etcétera. En lo de mi abuela -que por supuesto tiene parrillero- también hay un freezer industrial, así que tanto comida como bebida se va guardando de apoco ahí hasta la fecha. Hay dos asadores oficialmente designados que se turnan: mi tío Luis, la voz de la experiencia, y mi tío Gonza, la nueva generación. Entorno al parrillero siempre se generan las conversaciones más vivarachas, surgen las historias más entrañables y también las discusiones más acaloradas. Todos los años es el mismo ritual.

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Fue ahí que me pregunté, si era mi familia una excepción o si era en todas las casas igual. Para dolor de muchos, que creen que el ritual del asado es casi un culto exclusivamente nuestro, vengo a decirles que no. No solo los uruguayos nos reunimos alrededor de una parrilla, todas las culturas lo hacen en mayor o menor medida. Algo que vemos muy seguido gracias a Hollywood, son las famosas barbacoas que hacen los estadounidenses, solo que ellos cocinan su plato por excelencia: hamburguesas. Tampoco es algo exclusivo de América, en Europa también se prende el fuego para cocinar carne, y es que ¡está en nuestra evolución! No podemos perder de vista que desde el descubrimiento del fuego, el ser humano lo ha utilizado para cocinar y la carne ha sido el alimento predilecto.

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Ahora bien, si es algo que se utiliza en todas partes del mundo y desde los comienzos de la humanidad: ¿por qué los uruguayos tenemos esa sensación de que es nuestro invento el asado? ¿Por qué está impregnado en nuestra cultura? Somos un país ganadero y de gauchos, aunque en los últimos años -y me disculpo si toco sensibilidades-, nos hemos empeñado en quitar toda esa carga hereditaria de nuestra identidad y hemos adoptado costumbres nuevas, también muy de la mano con la migración que ha sufrido nuestro país. La cultura de una sociedad es algo así como el ADN de una persona, lo que nos hace únicos y especiales, y creo que también nos hemos aferrado a ciertos símbolos que entendemos como propios, y que en el fondo no tiene otro propósito que el de compartir. Ya me dirán ustedes si están de acuerdo o no, pero ¿acaso el hacer un asado no es otra cosa que una excusa para juntarse? Y mediante el mate, ¿no se hace catarsis?

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Bien, después de toda esta introducción, y si se quiere debate, imagínense cuando le dije a mi familia que tomé la decisión consciente de no comer más carne. Si bien a pesar de las costumbres familiares nunca fui muy carnívora, hace unos meses -paradójicamente, el día que creo debería de ser nombrado como Día del Asado-, el 1 de mayo decidí ir un poco más lejos, y si quieren ponerle rótulos, me volví vegetariana. Así que esta es mi primera Navidad y Fin de Año, sin comer el tradicional asado. Aunque, honestamente, pensé que se me iba a complicar más el asunto.

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Uno de mis tíos que no pasa con nosotros este año, ya está previendo que pese a que a donde va, van a comprar ya todo hecho y van a comer estilo buffet, él va a juntar unos palitos para prender un fuego y hacerse una tira de asado, porque “Navidad sin fuego no es Navidad”. ¿¿No lo es?? En mi círculo de amigas, tengo una que es vegetariana hace ya unos años, otra chica conocida, Elo, y Sofi del #TeamFlur que también lo son, así que aproveché y les pregunté varías cosillas: cómo fue ese primer año, cómo lo tomó su familia y qué comieron (que a fin de cuentas, es lo que ando en busca de… Ver qué me voy a cocinar).

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Como en todo, algunos casos fueron más simples que otros, pero en general no tuvieron grandes problemas. Elo me contó que en su familia su hermana ya era vegana hacía años, así que no era del todo extraño. Ellos se propusieron que ya que durante todo el año había carne en sus platos, en las fiestas iban a probar otras cosas. Así que todos los años varían el menú: crepes de distintos gustos con diferentes rellenos, ensaladas y tartas, chivitos de seitan, y si bien no todos los miembros son adeptos al vegetarianismo, sí lo respetan y no tienen inconveniente en no comer carne ese día. Aunque me contó que el año pasado su papá pidió que la picada tuviera algo de jamón.

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En el caso de mi amiga, ella es la única vegetariana en la familia y al principio pueden presentarse dudas y reticencias, sobre todo en las generaciones más grandes. En su caso, no le gusta quedar muy muy llena y no es como el resto de los mortales que comemos hasta reventar. Como siempre elaboran distintas ensaladas para acompañar las carnes, ella come las ensaladas y queda satisfecha. El primer año, con miedo a que se quedara con hambre su mamá le preparó unas hamburguesas de lentejas para acompañar las ensaladas, pero los siguientes años no fue necesario.

Sofi, por su parte, recuerda que esos días se preparó una ensalada muy gourmet, quería algo que fuera especial y no la típica que venía comiendo todos los días. Yo creo que voy más por ese lado. Si bien es seguro que hay ensalada en las casas a las que voy, no quiero que sea mi menú. Entiendo que son fechas especiales y por eso ando en la búsqueda de algo que sea “comida de fiesta”. No quiero comer pasta, ya lo hice el noviembre pasado cuando luego de votar, nos juntamos en lo de la abuela para almorzar, y ¿adivinen qué estaban haciendo? ¡Bingo! Parrilla.

Me compré unos ravioles y recibí mi primer comentario por parte de mi hermano: ¿qué haces comiendo ravioles? Claramente, fue ignorado. Por suerte, siempre tuve el apoyo tanto de mi pareja, con quién convivo, y pobre, está más que acostumbrado a mis fiestas a base de vegetales desde hace años. Y digo “pobre” porque a él sí le gusta la carne, y no es que yo se la prohíbo, no me van a ver nunca intentando convencer a nadie de que siga mis ideales de ninguna índole. Creo que cada uno es y debe ser libre de pensar y hacer lo que quiera siempre que sea con respeto. Yo tomé la decisión de no comer más carne porque veo una realidad industrial que no me gusta, pero en casa dos por tres se cocina carne para él. Mi abuela, que es una abuela moderna, entendió al toque cuando le dije que no comía más carne, nunca me preguntó por qué ni me dijo nada. A veces se le olvida, pero es entendible. Mis padres tampoco me hicieron ningún tipo de planteo; lo único que me dijo mamá fue que comiera balanceado más que nunca.

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Pero volviendo a la comida, me puse a buscar entre mis libros de cocina y mis blogs favoritos y encontré el menú que quiero: para la picada, voy a hacerme hummus de garbanzos para comer con bastones de zanahoria y apio; dip a base de palta y queso crema para acompañar las papas horneadas, esas estilo chips pero que son más sanitas; bruschettas con tomate albahaca y queso, queso roquefort, miel y nuez; otras con paté de aceitunas; queso brie al horno con miel, y si me da el tiempo un gazpacho. Como verán, esta picadita es no solo más sanita sino que se puede compartir con todos aquellos miembros de la familia que se animen a probar algo un poquito distingo a la típica tabla de achuras. Para la cena tengo ganas de hacerme zuccinis rellenos o pañuelitos de berenjenas y ricota. Si me dan muchas ganas de comer algo de parrilla puedo hacer unos morrones rellenos de quinoa y setas, o brochets de hongos y cherrys. Y si quiero reciclar algo de la noche anterior, por ejemplo, puedo hacerme la quinoa y los morrones de relleno de unos wraps de lechuga. Si se están preguntando qué es “wrap de lechuga”, es tan simple como limpiar una hoja de lechuga tipo china, que vienen con las hojas pegaditas al centro, rellenar y envolver con lo que queramos, ¡y listo! Si tienen ganas, pueden jugar con los rellenos y acompañar con salsitas.

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Estos son mis planes por ahora, tal vez llegado el momento opto por comer las ensaladas pero conociéndome, seguro voy a hacerme una comida que sienta festiva. Se acerca una Navidad muy especial y es un placer compartir mi experiencia con todos ustedes. Y si se copan, ¿me dejan inspiraciones de menú en las redes?

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