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bombshell acoso sexual laboral

#Bombshell – Rompamos la cultura del silencio y hablemos de acoso sexual laboral

en Lifestyle

En este momento, gracias a películas como “Bombshell”, series como “The morning show” y el reciente informe del New York Times sobre la cultura de abuso y acoso de Victoria´s Secret: “Angels in hell”,   el abuso sexual laboral se encuentra en el tapete. Parece superficial, pero que en la era del “Me Too”, tengamos que seguir  “aprendiendo” sobre lo que es abuso o no en una relación laboral  por medio de una peli o las noticias de una marca de lencería,  habla a las claras que seguimos sin educarnos, y sin hablar lo suficiente al respecto.

Mientras estaba escribiendo este artículo fue que salió publicada la investigación de  “The New York Times” acerca de la cultura de acoso y abuso en Victoria´s Secret. ¡Otra que Bombshell! ¿Lo triste y prejuicioso de mi parte? Que no me sorprendió absolutamente en nada. La verdad es que ni a mí ni a muchos nos toma por sorpresa que acosen a modelos lindas en ropa interior, pero sí quedamos petrificados cuando el abuso es a una mujer “seria”, como en el caso de la abogada y periodista Megyn Kelly, uno de los personajes protagonistas de “Bombshell”, en este caso la película, no el perfume de Victoria´s Secrets.

Es que lo que sorprende y shockea de “El escándalo”, tal su nombre en español, es que el abuso sexual a  nivel corporativo se encuentre tan abiertamente instalado y naturalizado en Fox News, con favores sexuales como moneda de cambio corriente, una oficina prácticamente de bulín para el jefe máximo, y una secretaria que hace las veces de cuasi proxeneta. La indignación me recorría el cuerpo con cada escena del tipo “Una vueltita. Dejame ver las piernas. Este es un medio visual”, mientras a la vez gozaba cuando esas mujeres objeto, conservadoras, rubias y ambiciosas se llevaban puesto al capo máximo de la cadena. Aunque para eso fuera necesario esperar a que la reportera estrella de la cadena se decidiera a romper el silencio. Porque cuando habla la más fuerte, empezamos a hablar  todas. Y cuando habla la más fuerte, lamentablemente, es cuando nos creen al resto.

Este patrón que se repite en “The Morning Show” representa en parte, lo lejos que estamos de sentirnos respaldadas en nuestro ámbito laboral, y lo inmersas que vivimos en la  cultura del silencio imperante: el pacto sexista se rompe solo cuando las mujeres se unen contra el depredador. Principalmente, cuando la más poderosa habla. Como plantea Alex Levy, el personaje de Jennifer Aniston en “The Morning Show”: las decisiones grandes, quién se queda y quién se va, quién maneja los hilos del poder, lo decide un club de chicos que se junta a tomar tragos, hablar de cómo engañan a sus esposas y jugar golf; las mujeres quedan fuera. Ella misma queda fuera, a pesar de ser quien dirige el programa. Y en ese equilibrio que siente frágil a pesar de su poder, decide hacer la vista gorda, y callar. Solo cuando decide dejar de hacerlo y pasar a ser sujeto de la situación es que todo explota, al mejor estilo “Bombshell”*.

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Una peli, una serie de Apple. Y todos quedamos impactados. Un artículo del New York Times que describe cómo las modelos de nuestra marca de lencería aspiracional de la adolescencia, eran entregadas como prostitutas de lujo en fiestas de la empresa por sus dos presidentes. Una cultura de acoso, abuso y hostigamiento donde Ed Razek, el director de marketing de la empresa matriz de Victoria´s Secrets, L Brands, intentaba besar a las modelos, hacía que se sentaran en su regazo e incluso les tocó la entrepierna antes del desfile del  2018. Sí, el último. ¿Qué pasó con las modelos que se quejaron de estas prácticas? Una fue despojada de sus alas. Las demás nunca más fueron aceptadas en castings o llamadas a trabajar. Se cumple la máxima de mejor no decir nada porque si realmente necesitás el trabajo, mejor callar. Y esto es en ámbitos privilegiados, en empresas “importantes”. Imaginensé la chica que es cajera de súper o la moza de un  restaurant, que prácticamente sobrevive gracias a las propinas.

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Entonces, ¿qué hacemos cuando la bomba fue lanzada y ya sabemos que lo que pasó, nos pasa, o supimos que le pasó a otra compañera de trabajo fue algo similar, y que esto no solo sucede en las películas, la tele o andando de casting en casting en ropa interior? Cuando planteamos el artículo entre las redactoras de Flur, surgieron varias historias al respecto. Casi todas tenemos algo que contar, y que no lo tengamos es la excepción en un ámbito, el laboral, que se supone debería hacernos sentir cómodas y seguras. Una de nuestras compañeras, se sentía intimidada por su jefe, que en varias ocasiones hizo chistes acerca de “lo buena que estaba” y la hizo sentir varias veces incómoda sobre cómo vestía, a pesar de no vestir en absoluto provocativa (definamos qué es provocar, igual, pero 1.000% que no era el caso). ¿Lo que más me llamó la atención? Me contó que era la primera persona con quien lo hablaba. Le daba vergüenza y culpa. Sentía que quizás no supo manejar la situación,  y era en parte responsable.

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En mi caso tuve que irme de una empresa donde creía me habían contratado de recepcionista por mi perfecto inglés, pero resultó que había sido “porque quedaba linda a la entrada”. En los 6 meses que trabajé ahí viví un infierno que sería largo de contar. Eran todos varones, menos la secretaria del director. Un director que recibía y daba play a videos subidos de tono (por no decir porno) con ella dentro de la oficina y la puerta abierta, para que yo también escuchara. Esto era lo más light. Adelgacé 5 kilos,  lo cual para mí era un montón en ese momento. Me enfermé, literal. ¿Si hubo intento de acercamiento físico? Por supuesto que sí, e inmediatamente renuncié. Pensé en hacerles un juicio, pero era 2003, yo era una pendeja recién salida de facultad y NADIE iba a hablar a mi favor.  Eran todos varones que la pasaban bomba en un laburo que pagaba bien, les permitía viajar y cobrar en dólares. La secretaria no se iba a quedar sin trabajo en plena crisis. Hasta hace unos años supe que seguía trabajando ahí. A pesar de haber sido cómplice, siento  pena por ella. Nadie debería trabajar en un ambiente tan enfermo.

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Aunque en Uruguay hay una legislación al respecto, que define al acoso sexual laboral como “cualquier comportamiento de origen sexual, no deseado por la persona a la que se dirige, que le cause o pueda causarle daño de cualquier tipo o “cree un ambiente de trabajo intimidatorio, hostil o humillante para quien lo recibe”, Art 2 de la ley 18.561. según datos oficiales, solo 1 de cada 144 mujeres que dicen haber sufrido acoso sexual laboral, denunció  el hecho en  el 2017. Hay varios factores que inciden en el silencio de las víctimas según los expertos: la dificultad de probar el delito, la percepción social  y las represalias al respecto. El solo rechazo hacia un avance sexual no deseado en el ámbito laboral puede llevar a delegación de tareas que no corresponden al cargo, exigencia desmedida, imposibilidad de ascensos, ignorar a la persona, destratos, gritos, etc. Imagínense una denuncia.

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Pero, de todas ellas, la percepción social es la que juega el  factor más importante. El clima laboral, junto con el apoyo o no por parte de los pares, son factores decisivos que la victima evalúa  a la hora de hablar o callar. Si  existe un clima institucional abierto y sensibilizado frente al problema,  se generan condiciones para que la persona se sienta habilitada a hablar. Por eso es importante romper el círculo de silencio. Es necesario que el acoso sexual laboral deje de ser un asunto personal y privado, y que nos demos cuenta que no es algo que nos pasó o  le pasa a “las otras” , sino que es asunto de todas.  Si visibilizamos y normalizamos el problema como algo que existe y sucede más habitualmente de lo que quisiéramos; si dejamos de unirnos al runrún, y  hablamos del tema, generando conversaciones, construyendo, integrando, y sin juzgar a nuestras pares; si dejamos de acusarnos con el dedo entre nosotras; si entendemos que quien es víctima la está pasando mal y necesita nuestra ayuda; y si tenemos claro que nos puede pasar mañana a nosotras, ahí es cuando quizás se rompa con la cultura del silencio y podamos construir una cultura de denuncia, donde tengamos claro que de estas acciones las represalias no serán para la víctima, sino para el victimario.

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Así ya no vamos a tener que esperar a que hable la voz de la más poderosa, porque como dijo mi amiga cuando salimos de ver “Bombshell” en el cine: “Juntas, cuando hablamos, somos más que las armas”.

NOTA: En Uruguay, los casos de acoso sexual laboral se denuncian de dos formas: dentro de la institución u organización, o en la IGTSS, que funciona dentro del MTSS. Cada empresa u organismo debe iniciar una investigación administrativa al momento de planteada la denuncia, y en caso de ser necesario,  elevarlo a la IGTSS.

*En inglés, BOMBSHELL tiene dos significados: el que proviene de  Rita Hayworth, cuya imagen fue pintada al costado de la primera bomba atómica que explotó en el Atolón Bikini en la Segunda Guerra Mundial; la frase todavía se usa hoy en día para describir a una mujer sexy. Y el usado en las redacciones periodísticas: “Bombshell” es una noticia sorprendente que se revela sin previo aviso. También es el nombre del perfume más vendido de Victoria´s Secret.

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