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Body positive vs. Body neutrality: ¿importa realmente la belleza?

en Lifestyle

Cuando por fin empezamos a acostumbrarnos a otras visiones,  corporalidades, y a la idea de amar nuestras imperfecciones, surge un nuevo movimiento que invita a quitar el foco de la belleza y centrarnos como mujeres en otros atributos: ¿necesitamos seguir redefiniendo la construcción social de  belleza como plantea el body positive, o destruirla por completo como nos insita a hacer el movimiento de body neutrality?

Articulo por @nieves.pereyra – Consultora de Estilo

body positive body neutrality

Las mujeres somos mucho más que nuestros atributos físicos. A veces, nos cuesta entenderlo porque son años de bombardeo al respecto por parte de la industria de la moda y el entretenimiento, que insisten en modelos de belleza inalcanzables y hegemónicos, y la de la belleza que siempre tiene algo que vendernos para “mejorarnos”. Trabajo entre mujeres, y en gran parte, para mujeres. De cada una de las féminas que componen mi vida o con las que me relaciono, podría nombrarles varios atributos extrínsecos a su apariencia física. Muchos de ellos ciertamente extraordinarios. Hablo de emprendedoras, de mujeres con puestos altos en empresas, de profesionales destacadas, y de madres amorosas que buscan maternar construyendo desde otro lugar.

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Sin embargo, pocas veces se habla de una mujer en esos términos, y ciertamente ellas tampoco lo hacen de sí mismas. Ahora, es pararlas frente a un espejo para que enumeren sus múltiples defectos y la lista se vuelve interminable. ¿Cuántas veces al hablar de otra mujer alabamos su inteligencia o su capacidad de liderazgo, en lugar de comentar si está más linda o si se hizo algún retoquecito? “Estas más flaca” es el elogio por excelencia, ¡si lo sabrá Su Giménez! Pero, “qué capacidad de análisis y resolución tenés todos los días en tu trabajo” no es algo que les andamos diciendo a nuestras amigas en la diaria. De hecho, no hablamos mucho de nuestros logros profesionales o académicos en público, y si lo hacemos, el “che, qué bueno el ascenso que te dieron, ¿me contó Adriana que dejaste el gluten? ¡Se te nota estas divina!”, es más frecuente de lo que nos gustaría admitir.

No es que no sepamos conectar de otra forma, o hablar de otros temas. A nadie lo ascienden a CEO de una multinacional si no tiene capacidad de tratar otros tópicos. Es que nos cuesta hablar de otras cosas, y desde otros lugares, porque vivimos inmersas en la premisa de que la apariencia y la belleza son los valores más preciados en nosotras. Y hagamos un paréntesis acá antes de que me masacre algún movimiento indignado. No se trata ni se tratará nunca de un debate entre que esté bien hacer todo lo posible para ser más hermosa, u optar por no ocuparnos de nuestro aspecto y enfrentar el mundo tal como nos hizo la madre naturaleza. No es ese el punto. Mi postura al respecto ha sido siempre muy clara: trabajo con la imagen y soy defensora fervorosa de la belleza, por elección. Me depilo, me tiño el pelo y me preocupo por mi apariencia, bastante más que el promedio, quizás. Celebro todo aquello que mejore la autoestima femenina, ya sea un corte de pelo, un make up, y por qué no, una cirugía estética o  botox en esa arruga que te amarga las mañanas.

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Y por sobre todo adhiero 100 % a la maravillosa frase de Susan Sontag que reza: “No es el deseo de ser hermosa lo que está mal, sino la obligación de serlo”. Todo lo que sea para mejorar nuestra vida y autoestima es positivo y debe ser festejado. Lo que no es necesario es que esa mejoría sea obligatoria, o  necesariamente física. ¿Está mal si en lugar de invertir en el gym gastamos esa plata en libros? Y así es que nos sumergimos  en la pregunta central que nos estamos haciendo acá: ¿la belleza realmente importa? ¿Hasta qué punto dejamos que nos defina como personas? Es en este punto que los movimientos body postive y body neutral difieren.

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Para el body positive, sentirse atractivo parece ser un prerrequisito en muchos casos de la felicidad. Este movimiento nos incita a aceptar nuestro cuerpo sin importar su forma, tamaño o color, y nos empuja a amar nuestras “imperfecciones”. Esta es la receta que nos hará  infinitamente felices y a la que adherí muchos años de mi vida, hasta que ciertos cambios en mi cuerpo me hicieron entender que por momentos, para mí era una premisa algo inalcanzable, y que me producía muchísima ansiedad. Expliquenlé a una mujer en sus treinta con múltiples cicatrices de cirugías y un aumento de peso considerable, que tiene que amar su cuerpo con todas sus imperfecciones, y sentémonos a ver cómo esa presión dispara un ataque de ansiedad. No estoy diciendo que no funcione para muchos, pero en ese exacto momento de crisis, mi valor no pasaba por el cuerpo y sus hermosas “peculiaridades”, sino por otro lugar. No necesitaba sentir que mi cuerpo era hermoso sin importar qué. Necesitaba definir mi valor como mujer desde otro lugar. Ahí fue cuando de a poco comencé a cuestionarme si ese amor incondicional no me hacía agua por algunos lugares, y si la reconstrucción -literal- de mi autoestima no necesitaba transitar otras visiones.

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Que no se malinterprete, el movimiento body positive es maravilloso. Nació en USA a final de los años sesenta con una campaña contra la discriminación pública de las personas obesas y su lucha por sus derechos. Y en su versión más moderna en el año 2007, como respuesta al body shamming, tendencia bajo la cual se avergüenza a las mujeres cuyo físico no cumple con los estándares de belleza tradicionales. Al día de hoy, a pesar de estar mayoritariamente relacionado a la belleza de talles grandes (sin dudas, la más lastimada por los medios), no solo aboga por el respeto a aquellos con obesidad, sino también por las personas con discapacidad, cicatrices, quemaduras, personas transgénero, etc. Si calculamos que, según estudios, el ser humano recibe un promedio de 21 horas semanales  de bombardeo entre medios de comunicación y publicidad, indicándoles sus “defectos” y cómo debe “perfeccionarse”, movimientos como este que buscan visibilizar las distintas realidades corporales, son más que necesarios. El objetivo del body positive, entonces, es que nos aceptemos tal cual somos y nos empoderemos en esa diferencia bajo el lema “mi cuerpo, mis reglas”. Su práctica se basa, en parte, en realizar lo que se llaman “prácticas de amor propio”, que son llevadas a cabo mediante acciones sencillas tales como meditar por 10 minutos en la mañana, registrar tus logros en el camino de la aceptación y el empoderamiento en un diario, o practicar actividades físicas como el yoga o la danza.

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De esta forma, mientras el body positive representa la postura “me siento bien acerca de mi mismo porque sé que soy hermoso”, el movimiento body neutrality dice: “como me siento conmigo mismo, no tiene nada que ver con mi apariencia”. Esta contrapropuesta no surge por azar cuando estamos en un momento del movimiento body positive en el que se le critica la  excesiva fijación con cuerpos de tallas específicas, y con la construcción de determinados modelos corporales gordos, por sobre otros. Cada vez más lo que vemos es una gordura “aceptable”, hipersexualización de la misma, fines comerciales muy claros, y por sobre todo, mujeres muy muy lindas.  Naturalmente, mucha gente ya no se siente representada.

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En el caso del movimiento body neutrality, lo que se busca no es redefinir la construcción de la belleza sino “destruirla” por completo. Esta destrucción,  simbólica nada tiene que ver con el autocuidado o la falta del mismo; simplemente con intentar ubicar la valoración que poseemos como mujeres, más allá de lo físico. Porque como plantea la filósofa argentina Norma Bertol en un artículo viejísimo pero aún vigente del diario Página 12*: ¿Por qué hay que ser bella? ¿Por qué una tiene que cargar con el trabajo de ser bella, cuando en definitiva tenemos otras temáticas que nos importan más como mujeres?”.

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Lo natural sería a esta altura de la humanidad, preguntarnos como Bertol, qué es ser bellas para nosotras, más allá del aspecto físico. “Tener sensibilidad, energía, un registro del mundo, del otro, el querer comprender. La belleza es casi el cerebro, el órgano sexual por excelencia. La seducción, la palabra, el mundo personal que una aporta”. El término “body neutrality apareció por primera vez en línea en el año 2015, y esencialmente, tiene como objetivo alentar a aceptar el cuerpo en el que uno se encuentra y centrarse en sus logros, en lugar de su apariencia. En lugar de decirte a vos misma que amás la grasa de tus muslos, sentir que apreciás tus piernas porque te permiten caminar todos los días o ir al trabajo en bicicleta. El mensaje de bopo (body positive)  es que debemos amar nuestros cuerpos;  la neutralidad corporal dice que está bien tener días en los que no. Así, este movimiento, tiene el poder de ser particularmente útil  para las personas con discapacidad, quienes  están bastante frustradas con la demanda de amar a sus cuerpos cuando se sienten traicionados por ellos, y en este punto, la neutralidad  puede ser un alivio.

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Como les contaba al principio, en un momento de mi vida tuve que aceptar que a pesar de entender todo lo que mi cuerpo hace por mí, y agradecer profundamente el estar viva, está bien tener días en los que no me banco mis cicatrices o no quiero mirarme al espejo porque no me gusta lo que me devuelve. Soy humana, y a veces el cuerpo o la visión que tenemos de él, nos enoja y no hay meditación que valga. En esos momentos, desenfocar de lo corporal y enfocarme en otra de mis tantas cualidades como ser humano es lo que me produce paz. No necesito ser linda. No necesito que la sociedad me piense o acepte como hermosa. No me siento bella hoy. Y a la vez, soy tantas otras cosas mucho más maravillosas. Cómo me veo físicamente es quizás la cosa menos interesante acerca de mí. Para algunos, la neutralidad corporal es un trampolín en el viaje hacia el amor propio. Para otros, es el destino en sí mismo.

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Como plantea Anushka Reese en su libro Beyond Beautiful, la meta de la neutralidad corporal es bajar el tono de enorme significancia que le damos a la apariencia física en nuestra sociedad, esa que promueve la belleza como esencial y el logro final al que aspirar, así como la apariencia de una persona como indicativa de su valor. En particular, hay una frase anónima del movimiento que encontré en Pinterest que me llegó súper hondo: “No quiero prometerte que tu cuerpo es hermoso pase lo que pase. Eso no cura la imagen corporal. Lo que si lo hace es aprender que tenés valor y valés,  independientemente de tu apariencia externa”.

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No todos nos levantamos a diario con ganas de abrazar nuestras “imperfecciones”, ni siquiera las personas socialmente evaluadas como más hermosas, y a mi entender, está perfecto que así sea. Todos tenemos derecho a un reverendo día de porquería con nuestra apariencia sin la presión extra de tener que sentirnos bellas y deber amarnos tal cual somos. El mantra de amar tu cuerpo puede causar presión extra y ansiedad en muchas personas, por lo que hay que ser recuidadoso con esta postura.

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Quizás, el mensaje por el que debamos abogar no es el de tratar de encontrar la belleza en todos los cuerpos, sino el de entender que todos los cuerpos son merecedores de igual respeto, y principalmente, que nadie tiene la obligación de ser hermosa. A veces desenfocar y dar luz a lo importante es más efectivo que librar batallas. A veces la paz no está en amarse, sino en aceptarse. Porque la belleza física no es lo que nos define. Las mujeres somos MUCHO  más que eso.

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