Spreading Fashion Innovation, Captivating People

Magela Borras

Siendo nómadas – El viaje de Magela Borrás

en Arte y diseño/Lifestyle

Muchas han sido las marcas que la han seleccionado como modelo para sus campañas, o producciones fotográficas. Hoy les mostramos otra faceta de la modelo Magela Borrás, estudiante de arquitectura y, por qué no, aficionada en la fotografía, como podemos ver por las hermosas fotos de sus redes sociales. Nos cuenta un poco más sobre el viaje que está emprendiendo y algunos de sus destinos favoritos.

El viaje de arquitectura nace hace 73 años y diría que es una experiencia única en el mundo. Tiene la particularidad que es un viaje armado en base a un itinerario de obras arquitectónicas, donde en 8 meses te dan la oportunidad de recorrer 33 países y cerca de 150 ciudades con culturas completamente diferentes.

Es una inyección de vida que te cambia la forma de ver las cosas, la forma de pensar y, me atrevería a decir que la forma de ser. Nos adaptamos a vivir como nómadas donde las cosas se vuelven lo más prácticas posibles, desde vivir de una valija con solo dos Jeans y dos pares de championes hasta armar y desarmar carpas prácticamente todos los días de manera completamente automática y hacer encajar todo perfectamente a modo de tetris en una camioneta para 5 personas. Aprendes de la convivencia, y tu familia se vuelve el grupo de 20 amigos. Y el desafío está en aprovechar cada momento el máximo y llevarte, de cada lugar, algo contigo. Tomarte 5 minutos para escribir, dibujar, o aunque sea observar. Tener la capacidad de asimilar toda esa información en muy poco tiempo sin dejar de sorprenderte y tratar de entender que el mundo es inabarcable, que por más que te mate la curiosidad y la ansiedad por conocer todo porque sabes que tal vez no vas a poder volver nunca más, es preferible quedarte con esos momentos y esos lugares que te interesan, que te marcaron y que no vas a olvidar, a volverte loco intentando visitar todas las obras que pineaste en Google Maps. Como nos preguntó un desconocido en un hostel, “¿Cómo hacen para entender cada lugar que van, en tan poco tiempo?” Nuestra respuesta fue que, en realidad, no los entendemos. Creo que la mejor forma se trata, justamente, de intentar pensar un poco menos y vivirlo más.

Amanecer 🙌🏻

Una publicación compartida de Magela Borrás (@magelaborras) el

Japón

Tenía toda la expectactiva puesta en Japón porque es un país que me intrigaba mucho con una cultura completamente nueva y sobretodo una arquitectura que personalmente me encanta. Desde las casas tradicionales japonesas hasta los edificios y museos más contemporáneos, simples, precisos, blancos, con espacios fluidos de arquitectura más tranquila y silenciosa que transmite esa conexión particular que tienen con el contexto y la naturaleza.

El alto valor del suelo plantea una continua renovación de las construcciones debido a que es mucho mayor el valor del mismo que de lo que soporta. A su vez las construcciones no están asociadas a un valor cultural de permanencia debido a las continuas catástrofes que ha soportado el archipiélago (guerras, terremotos, tsunamis). Estas condiciones permiten a los arquitectos experimentar y muchas de las construcciones son de años muy recientes por lo que la oportunidad de poder visitarlas ahora era única.

El viaje empezó en Osaka y Kyoto. Nos quedamos en un hotel en el que teníamos que convivir 8 personas en una habitación de literalmente 10m2, nada mejor para entender de qué se trataba Japón. En Kyoto hicimos recorridas más tradicionales como el Templo Dorado, el Templo de las 15 rocas y el Palacio Imperial, fue interesante ver el contraste de estas construcciones históricas con la trama moderna. Emergen constantemente entre la misma y cuando menos lo esperas siempre aparece un templo entre los edificios. Me hubiese encantado poder ver cerezos pero por la época del año todavía no habían florecido. El shinkansen (tren bala), se volvió nuestro medio de transporte habitual. Pasamos muchas horas viajando al punto que perdíamos 4 horas diarias arriba del tren, pero el hecho que te permitiera visitar ciudades a 500 km de distancia en una hora y media te hacía querer viajar a todas partes que en otros países no hubiese sido posible. Sacamos el Japan Rail Pass que te permite tomar trenes ilimitadamente. Al principio creí que iba a estar completamente perdida con todos los carteles en japones, pero el sistema de redes está muy bien explicado y la agarras la mano en seguida, ni que hablar que los japoneses son personas extremadamente amables y te ayudan constantemente. Me sorprendió como estaciones con masas de personas mantienen un completo silencio, como no tienen papeleras porque saben no ensuciar, y como pueden ser tan precisos en todo. Sin lugar a dudas mucho de lo que aprender.

Una publicación compartida de Magela Borrás (@magelaborras) el

Jardín de las Bellas Artes – Tadao Ando

Una publicación compartida de Magela Borrás (@magelaborras) el

Después de Kyoto nos fuimos a Fukuoka a 640km, paseamos por la ciudad y decidimos hacer un picnic en el Grin Grin de Toyo Ito, un edificio público integrado a un gran parque verde del tipo landart donde la tierra pareciera levantarse y uno se mete por debajo para poder acceder. Tiene diferentes espacios para pasar la tarde como un mariposario, un comedor y muchas terrazas. Es espectacular ver como un edificio de esta dimensión se mezcla con el paisaje de una manera tan sutil y delicada.

De vuelta a Kyoto pasamos por Hiroshima, como quien pasa por un barrio, a 360km de distancia. Visitamos el Museo de la Paz, la Cúpula de Genbaku, con un impactante edificio que sigue prácticamente intacto, y un parque con una tranquilidad increíble.

Al día siguiente nos fuimos en ferry a las islas de Inujima y Teshima. Creo que de los 3 meses de viaje que voy hasta el momento, sigue siendo uno de los mejores lugares que visité. La isla de Inujima parecía bastante chica y tenía muchísimo verde natural, un paisaje muy parecido a la selva. En el medio de la nada, estaba el Sirensho Art Museum de Hiroshi Sambuichi, un museo completemabte atípico en lo que solía ser una refinería de cobre abandonada. En el interior se encuentran una sucesión de espacios que te transmiten diferentes energías y juega con los sentidos, que logró en todos mayor conexión con el lugar. Seguimos el recorrido por la isla donde habían casas típicas japonesas, entre las que se mezclaban intervenciones de la arquitecta Kazujo Sejima junto con otros arquitectos (Art House Project) que se mimetizaban con el lugar, caminando entre las casas sobresalían cada tanto los pabellones o casas con diferentes temáticas que interactuaban con lo local y lo hacían destacarse, a modo de telón de fondo. La isla entera tenía el aspecto de una exposición.

Sejima Art House Project

Una publicación compartida de Magela Borrás (@magelaborras) el

De Inujima nos fuimos en otro ferry a Teshima, y después de caminar muchos kilómetros agotadores en subida llegamos finalmente a una obra que personalmente me enloqueció, el Teshima Art Museum de Nishizawa. Ya había leído muchas veces sobre él, pero nunca me imaginé que me iba a impactar de esa manera. No sé muy bien cómo explicar lo que se sentía ahí, pero se trata de una gran gota de agua de hormigón alisada a la perfección. Se puede acceder únicamente descalzo y se siente el piso con una suavidad tal que no pareciera hormigón. Es increíble cómo un espacio interior completamente despojado de todo, desnudo, te puede transmitir tanto. Adentro se percibe un silencio enorme y cada mínimo ruido hace eco. Es un lugar para pasar con uno mismo y para contemplar mucho rato. Como algo tan simple puede generar tantas sensaciones, es algo que todavía me queda dando vueltas en la cabeza.

La ciudad de Tokyo fue nuestro próximo destino. Ahí dimos, por casualidad, con una feria muy local en Kabukichō, en el barrio Golden Gai. Habían muchísimos puestos y se podía degustar típica comedia local. Decidimos terminar la noche en el clásico karaoke japonés en esa misma zona conocida por los bares, como no podía faltar. La verdad que en un grupo de 20 era imposible que fallara la noche, pero los nipones cantando Freddy Mercury nos hizo la noche, fue muy divertido.

Dentro de Tokio, podría nombrar muchos lugares que me parecieron increíbles, tanto arquitectónicamente como las exposiciones. Pero me quedo con El museo de Hiroshi Senju con sus sublimes exposiciones de pinturas de cascadas,  y el Jardín de las Bellas Artes de Tadao Ando.

Por último y como cierre, nos hicimos una escapada para ver el Monte Fuji y nos fuimos al Lake Ashi. No tuvimos mejor idea que pegarnos un baño, con el monte de fondo.

芦ノ湖, un bañito después de tanta arquitectura!

Una publicación compartida de Magela Borrás (@magelaborras) el

 

Deja un comentario

Your email address will not be published.

*

Últimos de Arte y diseño

Ir a Arriba