Autoayuda peligrosa. Entrás a una casa y lo ves en la heladera, en la taza en la que te ofrecen café, en la remera de tu amiga. “Sé feliz”. El cartelito se repite y vos, que justo andás triste, te sentís peor.
por María Eugenia Rodríguez
Listo. “Sé feliz” es mandato. Igual que ser linda, tener amor y estar ocupada y espléndida. ¿Pero cómo, te duele algo? Ay por favor. Tenés que sonreir, liberar emociones. ¡La vida es una sola!
Pocas cosas más irritantes y peligrosas que ese tipo de autoayuda. Optimismo bobo. Un cartelito que se repite en casas, bares y comercios y que no contempla que la vida es difícil y que no todo depende de una.
Existen variables que no se pueden controlar. Muchas, muchísimas; casi todas, de hecho. El resultado es que nos dicen que seamos felices y nos sentimos peor, porque no estamos a la altura de tanto entusiasmo.
Existe un graciosísimo video con casi un millón de vistas donde el escritor, actor y director de teatro mexicano, Odin Dupeyron, expone en una entrevista televisiva lo que él llama “exceso de pensamiento mágico pendejo”.
Dice Odin: “Nos venden que ‘tu pides y llegará’ y que la vida tiene que ser maravillosa. Y no es cierto. Hay gente que le va muy bien y le da cáncer. Hay gente que fuma toda la vida y no le pasa nada. La vida es difícil, es injusta. Sé feliz, sé feliz. Eso lejos de ayudarnos nos angustia. ¡Sé el número uno! Pero no, si yo soy el número cuatro. Si yo estoy bien con el cuatro. Que pasen los unos, los dos, yo acá me quedo en el cuatro. En mi casita”.
Felicidad tóxica
Edgar Cabanas (Madrid, 1985) es doctor en Psicología, investigador y docente y en una entrevista publicada en el diario El País dice que la industria de la felicidad es poderosísima, ya que incluye productos de autoayuda, belleza, libros, cursos y expertos que dan charlas en empresas.
“Lo que hay detrás es mucha sensación de culpa. Porque si lo que te ofrecen es la idea de que la felicidad es una elección personal, entonces lo que te están diciendo es que cualquier sufrimiento que tengas como la ansiedad o la depresión es culpa tuya”.

¿Y qué pasa con las redes? “Tenemos la necesidad de mostrarnos felices –dice Cabanas-. Las redes son una identidad extendida. Se tiende a exagerar esa imagen positiva de uno mismo porque si no parecés un tóxico o un fracasado”.
Y agrega: “Es una absoluta barbaridad que puedas influir con tus emociones en un aspecto tan concreto como el cáncer. Hay quien dice, incluso, que los malos pensamientos provocan enfermedades. Eso es pensamiento mágico y delirio”.
Más crisis, más autoayuda
David Viñas (Barcelona, 1968) es profesor de Literatura Comparada y habla de la “erótica de la autoayuda”. En una nota del periódico La Vanguardia dice que las estrategias de los libros de autoayuda pasan por inducir a un cambio radical en la vida, a convencer que la felicidad es obligatoria y a hablar del poder del pensamiento positivo.
“En tiempos de crisis es cuando más se recurre a este tipo de cosas. El interés por los libros de autoayuda irá a más. Seguro”.
La entrevista de Viñas es anterior a la pandemia de COVID-19, pero es imposible no vincular a la industria de la felicidad con ella, cuando vemos que uno de los principales y más generalizados efectos de la situación es sobre la salud mental.
Que haya mensajes positivos está genial, seguramente los necesitamos, pero que la felicidad sea un mandato en épocas donde la incertidumbre cubre casi todo tal vez sea algo para lo que haya que estar alertas. Así que por lo pronto, atención a las tazas.




