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Poder femenino – Entrevista a Debbie Goldfarb

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Muchos de ustedes seguramente la conozcan. Debbie Goldfarb es una figura referente en su profesión y tiene una fuerte presencia en los medios de comunicación y en las redes. Más allá de esto, tengo el orgullo de considerarla una gran amiga. Por ello, decidí acercarme y hablar con ella sobre diferentes temas que la afectan tanto a nivel personal como profesional.

Por ser el mes de la mujer, uno de los temas principales que quería abordar era la lucha de las mujeres por equidad de derechos. Antes de siquiera encontrarme con ella, el tema ya estaba marcando el rumbo de mi entrevista. Mientras investigaba sobre el enfoque, hice una búsqueda rápida en Google buscando entrevistas a mujeres importantes. Para mi gran sorpresa, los resultados eran en su mayoría artículos que hablaban de la “importancia de elegir el outfit correcto para una entrevista de trabajo”. Curioso, hice la misma búsqueda esta vez para hombres y efectivamente ahí estaba: una lista interminable de entrevistas a hombres influyentes como Mark Zuckerberg y Bill Gates.

Lo que pocos saben es que Debbie es Licenciada en Sociología. Eligió esta carrera a consecuencia de un viaje por Europa que hizo de adolescente, donde notó de primera mano las diferencias en los comportamientos de diferentes culturas y sociedades. Más decidido que nunca a conocer su visión del asunto, me armé de coraje y me propuse explorar sus opiniones objetivas desde la sociología y las subjetivas desde sus vivencias personales. Así fue que me embarqué en este fascinante desafío de descubrir y conocer a Debbie Goldfarb, la mujer.

“Nunca le di trascendencia al hecho de haber nacido mujer. Nunca me planteé la importancia o la no importancia de ser una mujer en la sociedad.”

“Lo acepté como lo que me tocó, me divierto con las cosas que me pasan por ser mujer y disfruto de lo femenino que tengo. Lo tomo muy naturalmente”, me dice cuando le pregunto acerca de su postura como mujer en el mundo.

En base a esto, creo fundamental explicar un detalle no menor: Debbie creció en el seno de una familia donde la mujer se desempeña desde un lugar de fuerza y solidez. Su madre, Giza Alterwajn de Goldfarb, fue rescatada cuando bebé del Gueto de Varsovia y su historia fue documentada en el libro “Giza, la niña de la maleta” para luego producirse en film. Con esta historia de resiliencia de la figura más representativa de su hogar, era inevitable que Debbie creciera inspirada a seguir sus sueños.

“Tengo una madre muy fuerte, con una historia familiar muy fuerte y eso me lo transmitió desde chica. Tanto mi hermana como yo no nos achicamos frente a los hombres.”

“Las dos crecimos con el ejemplo en nuestra casa de una mujer resistente que tuvo que lucharla muchísimo -con el apoyo de mi padre obviamente-, pero la imagen que tengo es de una mujer que lo puede todo. Nunca nos limitaron por ser mujeres”

Desde pequeña veía a su madre como empresaria. Cuando la comparaba a las madres de sus compañeras que eran amas de casa, no notaba tanto la diferencia de roles, pero sí “me enojaba que mi mamá trabajara mucho más que las otras mamás (risas).” Con tal influencia, siempre se imaginó su futuro trabajando. Le pido que me cuente sobre sus fantasías de niña, a lo que me responde que:

“Cuando era chica decía que a los treinta iba a estar casada y con tres hijos, pero nunca me visualicé como ama de casa. Yo quería liderar una empresa.”

Sin embargo, crecer en una sociedad machista por naturaleza puede dificultar las cosas. Me afirma que el hecho de ser mujer la condicionó en cierta forma, pero “en lo personal más que en lo profesional. Siempre fui una mujer que nunca le gustó seguir las reglas y lo sufrí particularmente en lo que son relacionamientos con parejas. Me costó mucho entender el juego de la conquista entre el hombre y la mujer. Me molestaba jugar roles, para mi no estaba bien. Cuando era joven lo habitual era esperar a que el hombre llamara, a que fuera el que iniciara el contacto. Me parecía absurdo. A veces lo hacía pero no me sentía del todo yo, mientras que para mis amigas era de lo más normal.”

“Ser una mujer con una personalidad fuerte me ha jugado en contra, muchísimo. No me sale bien jugar a quien no soy. Mis amigas me decian que tenia que ser mas tranqui, que al hombre le gusta dominar. Ser una mujer independiente asusta.”

En lo profesional, el tema fue diferente: “Yo empecé a desarrollar mi carrera hace diez años, a una edad en la que ya era mucho más fuerte. Había trabajado hasta ese momento y no evolucionaba profesionalmente pero por una cuestión de falta de vocación. Aún no había encontrado mi pasión, no me gustaba mi trabajo e iba por la vida por inercia. Hoy, por mi pasión defiendo mi trabajo con uñas y dientes. Es posible que en mis trabajos anteriores me achicaran por ser mujer pero nunca lo sufrí -o no me di cuenta-, simplemente porque no amaba mi trabajo.”

Obviamente no significa que no hubiera vivido de cerca el machismo. En uno de sus primeros trabajos a su regreso de Europa, trabajó como secretaria en un estudio donde todos los cargos ejecutivos eran ocupados por hombres y las mujeres solamente trabajaban como secretarias. No por casualidad. Sino por política. No estuvo más de seis meses.

Hoy, ese problema no lo tiene ya que maneja su propio trabajo de forma independiente. Trabaja para ella misma, maneja sus horarios y sus clientes.

Con esto, me cuestiono si hubiera logrado exactamente lo mismo a nivel profesional si se hubiera amoldado a las reglas sociales. Cuando le comparto esta interrogante, me responde: “Yo creo que no. Justamente, todo lo que logré, lo hice convencida de que ser mujer no era un impedimento. He hecho cosas bastante arriesgadas, no del todo acorde a las reglas estereotípicas para una mujer y nunca se me ocurrió decir ‘no me animo’ por un tema de género.”

Además de trabajar como asesora de imagen, también es la directora de su empresa familiar, fundada por su madre. Ahí la situación es otra. “La mayoría de las empresas familiares son dirigidas por hombres y es habitual que en una reunión yo hable de igual a igual, pero ellos no.”

Las mujeres que trabajan para sí mismas y que logran una independencia económica son una visión cada vez más recurrente en la actualidad, pero la sociedad sigue manteniendo ciertos prejuicios y críticas hacia las que se mantienen solteras.

“Las exigencias son diferentes para hombres y mujeres. ‘Qué problema tenés que no te casaste y no tenés hijos?’ es una pregunta que me han hecho textualmente.”

Sé de primera mano que tiene un instinto maternal innato. No tiene hijos, pero le hubiera encantado. “Siempre soñé con la maternidad fruto de una familia, y como consecuencia de estar con otra persona. Lo podría haber hecho por mi misma, pero no me interesa ser mamá solo por el hecho de ser mamá. Mi sueño era el combo.” Por otra parte, también admite que como madre posiblemente no hubiera conseguido los mismos logros en lo profesional. “Trabajo full time y estoy disponible para mis clientes las 24 horas. Trabajar de forma independiente requiere de mucha entrega. Hoy, mi hijo es mi trabajo. No sé lo que hubiera pasado. Capaz que el hecho de no tener hijos me ayudó a buscar y seguir mi pasión. Es un gran quizás y son cuestionamientos más que nada filosóficos.”

Su hermana tiene dos hijos, una niña y un varón. Sus sobrinos son todo para ella y les dedica cada minuto que puede.

Tanto Debbie como su hermana Ilana son para ellos ejemplos de mujeres fuertes como su madre lo fue para ellas y los educan para que crezcan en igualdad de condiciones.

Desde su posición en la moda y como profesional de la imagen, hablamos también de ciertos conflictos que puede llegar a generar esta industria que funciona a base de promocionar ideales de belleza. “A veces la moda vende una fantasía que puede dañar a mucha gente. Por eso con mi trabajo desde la imagen ayudo a mis clientes a que se vean al espejo y se gusten tal cual son. Mi trabajo trata de autoestima. En lo personal, pasé una adolescencia muy difícil. Me veía como el ‘patito feo’ de mis amigas. ¡Ojalá hubiera tenido un asesor de imagen en esos momentos mi vida!”

Hablamos de que últimamente se están haciendo muchas campañas de inclusión que hablan de una belleza real, o no convencional. Pero hay mucho trabajo para hacer. Está de acuerdo en ofrecer productos para todos, pero detesta las etiquetas.

“Si hay algo que me molesta, es que llamen ‘plus size’ a los talles más grandes. Es la misma ropa, los mismos cortes y el mismo material. Solo con marcar el talle es suficiente. Desde una postura de inclusión se sigue excluyendo.”

En estos últimos años el tema de la igualdad de condiciones y de derechos para las mujeres ha estado muy presente en el consciente colectivo. Interesado por su opinión desde un punto de vista sociológico, quise saber si había alguna herramienta que nos ayudara a avanzar a nivel social: “Hace unos días, y por el 8 de marzo, Gabriela pallares publicó en Facebook un mensaje con el que estoy completamente de acuerdo. La educación es imprescindible para avanzar. Desde el momento que un padre le dice a su hijo varón que puede hacer tal cosa y que a su hija mujer que puede hacer tal otra, no vamos a avanzar nunca. Hay que educar desde el vamos que las condiciones son iguales.”

“Como socióloga no creo en un feminismo absoluto: Los hombres y las mujeres no somos iguales en TODO. Desde el momento que el hombre nació hombre y fue el que tenía la fuerza para salir a buscar la comida, para matar al animal y traerlo a la tribu mientras la mujer cuidaba de los hijos, desarrolló más fortalezas física que la mujer.”

“Los hombres naturalmente tienen más fuerza física que las mujeres, eso es real e indiscutible. Ahora, somos exactamente iguales a nivel de desarrollo cerebral. Es absurdo negarlo. Intelectualmente tenemos la misma capacidad.”

A nivel social, en Uruguay aún hay muchos aspectos a mejorar en cuanto a representación de la mujer en diversos ámbitos. “La falta de representación de la mujer en la política está ligada al rol del hombre y de la mujer en el hogar. Aquellos que se dedican a la política tienen horarios extensos, viajes al interior. No es una vida rutinaria. Por eso, es en general el hombre el que se dedica a la política y la mujer la que queda a cargo del hogar y de los hijos. Es un tema delicado, hay muchas puntas que se manejan y que inciden en la falta de mujeres en la política. De todas formas me parece un horror que haya una cuota de mujeres en el parlamento. Es un horror.”

“Es un problema pero no debería serlo. Por algo en otras sociedades son muchas las mujeres las que mantienen la casa y son los hombres los que cuidan a los hijos. En Uruguay esas instancias se dan cada vez más. Durante la crisis económica, era a veces la mujer quien conseguía trabajo y el hombre no. También se dieron casos donde la mujer tuvo que empezar a trabajar para complementar los ingresos del hogar. Fue una época clave en nuestro país en cuanto al cambio de roles en el hogar. Lo que antes era impensable, se convirtió en realidad. No por ideales, pero por necesidad.”

Los cambios seguirán viniendo, la sociedad se seguirá actualizando y las mujeres se seguirán empoderando. Falta mucho camino por recorrer pero a fuerza de pasión y perseverancia todo se puede. Hoy, aquella niña con ojos soñadores que sintiéndose un patito feo fantaseaba con ser una empresaria exitosa, cumplió su sueño y se transformó finalmente en un maravilloso cisne.

Artículo y entrevista por Sebastián Correa

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