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Millenial, no todo es arte. ¿O sí?

en Arte y diseño/Designers/Lifestyle

No queremos resignarnos a una vida de rutina. No queremos resignarnos a una vida sin intensidad. Nos expresamos. Producimos. Mostramos. Después, repetimos. Pero, ¿qué pasa con esta fórmula y el arte? ¿Cómo se conjuga la democratización de la producción y difusión de contenidos artísticos con el valor del arte en sí? Esta es la discusión acerca del arte millenial por una millenial. Spoiler alert: son todas preguntas sin respuesta.

Creo que no tiene sentido entrar en el debate de “qué es el arte”. Si la humanidad está intentando definir eso desde los comienzos de la filosofía, sería ambicioso y soberbio pretender definirlo en un artículo. Pero lo cierto es que siempre fue algo sumamente hablado, no solo en los círculos intelectuales sino también en la cotidianeidad.

¿Esas dos manchas en el lienzo son arte? Eso podría hacerlo mi sobrino de 2 años. Todos hemos sido testigos -o quizás hasta protagonistas, admítanlo- de situaciones de este tipo, en apariencia simples pero que tienen de trasfondo esa pregunta filosófica clásica. Y las generaciones que ahora empezamos a recibir la posta del liderazgo, a adentrarnos en el mundo “real” (de paso, qué millenial es hablar en estos términos, ¿no?) estamos cambiándolo todo: y dentro de ese todo, el concepto de “arte”.

Primero lo primero: definamos a los millenials. O definámonos. El tema de las fechas es relativo y depende a qué fuente se acuda, pero aproximadamente somos los nacidos entre 1983 y 1999. Y en el imaginario colectivo es más o menos así: si se dice “millenial” se piensa en alguien de entre 19 y 29, hiper conectado, impaciente, idealista. Muchas veces se habla de características como la capacidad de adaptación, la necesidad de comfort, la no resignación ante la posibilidad de una vida indeseada y el trabajo como un medio, no como un fin. Todo esto suena un poco de manual. La realidad no es tan rígida, los límites entre generaciones se mezclan y habemos millenials así, millenials más mainstream, millenials más similares a sus padres, millenials de todo tipo y color. Pero sirve para identificar un tipo de personalidad y un tipo de forma de ver el mundo.

Las generaciones que ahora empezamos a recibir la posta del liderazgo estamos cambiándolo todo: y dentro de ese todo, el concepto de “arte”.

Cuando se habla de arte, de todos modos, y de arte millenial en particular, lo más frecuente es aludir a este tipo de joven. Si lo pienso, me veo esas características, y seguro muchos coinciden conmigo porque por algo surgen las denominaciones y los estudios en torno a esto. Entonces somos eso: el inconformismo, la militancia con causas sociales, el relativismo, la apertura sexual, la pérdida del sacrificio como valor supremo, la búsqueda de una vida intensa. Y lo fundamental: la autenticidad.

Parece ser que la aspiración en los millenial “artísticos” -por ponernos una denominación vulgar, vacía, hasta tonta – es ser auténticos. Algunos podrán decir que esto fue siempre así en el arte. Pero la verdad es que no necesariamente. De lo que hablamos acá es de autenticidad como valor artístico en sí mismo, como puede ser el color, la rima o la composición. Desnudarse simbólicamente frente a un consumidor es la premisa. Todos queremos tener algo que decir. Los millenial parecemos ser esclavos de un círculo vicioso: en la búsqueda desesperada por diferenciarnos, terminamos siendo personas que ponen todas sus energías en diferenciarse. Y eso pierde un poco el sentido y nos ridiculiza. Al menos para mí.

Al mismo tiempo, la autenticidad se topa contra una pared. Si realmente ese fuera nuestro objetivo, ¿por qué nos interesa la aprobación constante de un otro? Esta discusión se aplica al arte en cualquier época de la historia de la humanidad, está claro. Y siempre existió ese debate del arte para uno o arte para el pueblo. Pero para bajarlo a tierra, y enfocarlo a la nueva camada de artistas millenial específicamente: si mi intención artística es “ser yo”, ¿por qué me interesa saber cuántos likes tiene mi foto, mi video, mi dibujo? ¿Por qué, si soy fotógrafa, y subo esa fotografía que creo que es arte y no tiene éxito en las redes, pienso, aunque sea por un segundo, que en realidad no era lo suficientemente buena? ¿Es mi problema? ¿Es mi autoestima? ¿O va en la misma definición de arte?

Acá se cuela el tema central: con el desarrollo de internet, las redes sociales,  y eso que ya sabemos todos, se democratizó la producción de contenidos. No precisás tener un atellier para mostrar tus pinturas o una galería para que vean tus fotografías. Esto trae como necesaria consecuencia la superproducción de contenidos. Cambian los términos de privacidad, de intimidad, el consumidor es productor, y quiere consumir vida real, persona real, sentir real. Seamos sinceros: si seguimos alguien en instagram, por poner un ejemplo simple, y es demasiada obvia la mentira de lo que muestra, deja de interesarnos. El valor de la persona como ente individual crece y con esto, el relativismo del valor del arte. Empiezan a equipararse la expresión de un sentir personal con una obra de arte.

Cuando entramos en este tema, son todo preguntas. No hay certezas. Estamos analizando este fenómeno en el mismo momento en el que está sucediendo y siendo parte de él. Pienso que eso es bueno y ayuda a la construcción de una visión crítica.  Muchos dicen que ahora “es fácil ser fotógrafo”, y lo aplican también a artistas, a modelos. Pero: ¿realmente lo es? ¿O lo fácil es exhibirlo únicamente? ¿La expresión personal a través de un tipo de estética es condición suficiente y necesaria para la existencia de un producto artístico?

El valor de la persona como ente individual crece, y con esto, el relativismo del valor del arte.

Que se haya democratizado la producción de contenidos es algo muy bueno para muchos objetivos y es algo que ya está tan instaurado que es tan obvio como respirar. Pero, ¿qué pasa con el arte? ¿Cómo juega con el arte este nuevo mundo hiperconectado e hiperpoblado de contenidos? Si subo fotos sacadas con una cámara,  ¿soy fotógrafo? Si escribo en un blog, ¿soy escritor? Podemos ir todavía más lejos: ¿son esas preguntas siquiera importantes?

Los tiempos cambian y los que corren, no son tiempos de rigideces. Son tiempos de límites difusos, de apertura, de deconstrucciones. Los millenials somos especialistas en estas relatividades. Qué hace al arte, no lo sé. Si me preguntan rápido, creo que siempre es la combinación entre estética y mensaje, que es siempre el contenido, por sobre la forma, la originalidad, por sobre la copia, la búsqueda de un mensaje profundo, por sobre el soporte. Pero esto que escribo, lo leo y ya me doy cuenta que cae en su propia abstracción, que es pretencioso y poco explicativo. Entonces volvemos al mismo punto que cuando comenzamos. Y esto de vivir en círculos es puramente millenial.

Artículo por Mercedes Cosco

1 Comment

  1. Pienso que si algo destaca al millenial es su relatividad necesaria y confundida con un ideal en comun, una tendencia, una red social, gustar al otro. Esa autenticidad que se busca, cuando a la par se busca aceptación de una micro o macro comunidad, se confunde, ya que la autenticidad se referencia relativa a uno mismo pero también a otros. Por lo cual considero que es un problema semántico. La sociedad posmoderna todavía está utilizando terminología como “arte” cuando su en su esencia hay una incoherencia semántica e ideal. No podemos definir “arte” dentro de esos círculos viciosos que la autora menciona. Esos círculos existen, son realidad. En cambio el arte, como concepto no. Todavía intentamos compararlo con denotaciones y connotaciones tradicionales vs actuales. Pero dentro de esta tendencia relativizadora, podríase afirmar que todo el vocabulario se pudiera relativizar, no sólo “arte”. Esa posibilidad teórica extrema zucumbe las comodidades de los ideales de toda persona. Incluso es contraria a las tendencias, las cuales son micro absolutismos de micro realidades. Podríamos decir que hay una necesidad de ser o sentirse (hoy es lo mismo) un artista, como persona creadora de arte, cuando CAPAZ somos ni mas ni menos que creadores de contenidos afines a un público que querramos. Y capaz eso era o es el arte, o capaz no. Capaz ni siquiera importe, pero me pregunto porqué todavía nos lo preguntamos… capaz somos curiosos insatisfechos divagando algo sin resolución. Pero algo adentro mueve esa curiosidad de definición.
    Por último, las redes sociales. Son un medio y/o son el fin? Son un medio para mostrar el contenido en sí? o es que lo usamos para lograr llegar a juntar likes por una ambición hedonista? El mismo debate tenía lugar con el arte tradicional. Las obras sin exhibición son arte en sí mismas? O era el motus individual y atraer y complacer a otros?
    Otras preguntas sin respuesta.

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