rusia 2018

La celeste, una historia de amor

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Rodeado de dos gigantes y con salida al océano, se encuentra Uruguay: el paisito, ese que es conocido por el mate y el dulce de leche, el carnaval, y por supuesto, el fútbol. No existe domingo sin partido, no hay recreo en el que no se vea volar una pelota -aunque sea de papel- y no hay familia que no haya compartido un sentido grito de gol. El fútbol es tema de conversación desde siempre, y especialmente, esta selección del Maestro nos ha unido como nunca antes.

Nuestra historia con este deporte se remonta a 1900, cuando los inmigrantes ingleses lo introdujeron en el país y rápidamente ganó adeptos expandiéndose por todo el territorio gracias a los obreros del ferrocarril, un medio que en aquel entonces conectaba la capital con el interior. Los registros hablan de que en 1902, se disputó el primer juego oficial fuera de las islas británicas y se jugó nada más y nada menos que en Montevideo, en un encuentro que enfrentó a las selecciones de Uruguay y Argentina.

¡Si estará en nuestro ADN que para celebrar el centenario de la Jura de la Constitución, construimos un estadio y albergamos el primer Mundial de Fútbol Masculino! Impresionada por el título obtenido en las olimpíadas de verano de 1928, y en vísperas de nuestro festejo por los cien años, la FIFA nos dio la anfitriona del campeonato que reunió selecciones invitadas de todo el mundo: siete sudamericanas, cuatro europeas y dos norteamericanas. La final hizo vibrar al Centenario con una audiencia de 68.346 personas, donde esos primeros celestes capitaneados por José Nasazzi vencieron 4-2 al seleccionado argentino.

El Centenario en el primer Mundial 1930

El paso de la celeste por las Copas del Mundo

En los mundiales de 1934 y 1938, nuestra selección no participó. En el primer caso como respuesta a la negativa de los equipos europeos de sumarse al de 1930, y en el segundo, porque por aquel entonces, se entendía que para ser equitativos, debían alternar la locación entre Europa y América, recordamos que el 1938 se disputó en Francia.

En 1942 y 1946 no se disputó el campeonato ya que estábamos en plena Segunda Guerra Mundial, y tras finalizar, no hubo ni tiempo ni recursos para organizar semejante evento. Por suerte, en 1950 volvimos a participar y este año quedó grabado en la memoria de todos los amantes de este deporte. En esa oportunidad, el torneo se disputó en Brasil, donde el anfitrión era el favorito tras haber ganado por goleada a España y Suecia. Llegó a la final, necesitando solamente un empate para consagrarse campeón y enfrentó al equipo charrúa, liderado por Obdulio Varela en un abarrotado Estadio Maracaná en el que se estimaron más de 200.000 asistentes que quedaron mudos cuando Uruguay volvió a consagrarse campeón del mundo.

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El famoso gol del Maracanazo por Ghiggia

Después del 50, la celeste entra en una voragine y su participación en los mundiales fue casi constante. De las diez y siete copas disputadas, no clasificamos en siete oportunidades y llegamos a octavos de final en seis:

– Chile 1962. Recordado como uno de los mundiales más violentos en la historia.

– Inglaterra 1966. El último mundial transmitido en blanco y negro -se dice que no clasificamos por el árbitro inglés, Jim Finney, que no vio una mano del alemán Schnelligen en la línea de gol, y luego, nos quedamos con dos menos-.

– México 1986. Quedamos en octavos tras caer ante Argentina en La Puebla por 1-0, en un partido con ocho tarjetas amarillas y una expulsión para cada equipo.

– Italia 1990. La primera vez que es dirigida la selección por el Maestro Tabárez llega a octavos clasificando primero en su grupo, pero cae ante Italia por 2-0.

– Brasil 2014. Mundial fresco en la memoria de todos ya que Luis Suárez fue duramente castigado por la FIFA tras lograr la clasificación ante Italia a octavos con un increíble gol en la hora de Godín. Suarez mordía por tercera vez en un partido y no pudimos contar con él ante Colombia, así que terminamos cayendo 2-0 en el Maracaná.

En tres ocasiones, alcanzamos el lugar de los mejores cuatro del mundo. En Suiza 1954 nos venció Austria 3-1 y quedamos en cuarto lugar; en México 1970, el seleccionado brasilero se quedó con la victoria tras un partido muy violento que sufrió un repentino cambio de locación; y en Sudáfrica 2010, los uruguayos volvimos a ilusionarnos con el grupo del Maestro, luego de definir por penales y gritar eufóricamente la pelota picada por el Loco Abreu.

Oscar Washington Tabárez: un coach en la cancha y un maestro en la vida

“El Maestro que recuperó la esencia del fútbol uruguayo”, tituló en 2016 el portal de la BBC Mundo. Fue jugador, educador de enseñanza primaria, director de colegio y DT de varios equipos que supieron ser campeones. Ahora, y desde hace doce años, es nuestro Maestro. Con una carrera de casi cincuenta años dirigiendo equipos de fútbol, Oscar Washington Tabárez es conocido y admirado en todo el mundo por su educada manera de referirse al adversario, por la humildad y el respeto que imparte al hablar. El hombre que en un ambicioso proyecto, allá por 2006, describió sus intenciones de formar jóvenes talentos para enfrentar desafíos no solo en la cancha, sino también en la vida, ha logrado su meta: formó una equipo de personas basado en buenos valores, educó con tranquilidad y siempre viendo el lado positivo de las cosas, generó unión en estos muchachos e Ilusión en los tres millones que los amamos. No es un director técnico tradicional, eso lo saben todos. Es lúdico, con aplomo, rara vez se inquieta o enoja, no es de blasfemar y lo más grave que le han escuchado decir es “mijo”.

Para todos los que pasan por el Complejo Celeste es regla pedir “por favor” y agradecer cuando así corresponda. Los celulares no son bienvenido durante las comidas o los entrenamientos, porque el Maestro quiere que los jugadores hablen entre ellos. Le duele cuando alguien es expulsado y es que siempre pide que se respete al oponente y a los árbitros, incluso si esa expulsión se da en los cuadros para los que juegan fuera de la selección. Debe ser de los pocos -o tal vez el único DT- que solicitó a la FIFA que los jugadores compartan las habitaciones, y  esto es lo que cosechó, un grupo de muchachos tremendamente unidos que festejan cada gol como si fuera de todos y en cada caída están ahí para levantarse los unos a los otros. Para este hombre no hay individualismo sino trabajo en equipo, sí reconoce las fortalezas individuales y en el colectivo les saca provecho, pero le gusta hablar de grupo y no de estrellas.

No es de dar discursos motivadores, siempre les dijo que jugar por su selección es motivación suficiente, y al parecer, los muchachos se lo toman enserio ya que en cada partido se juegan el alma en la cancha. Han sabido competir lesionados, con cortes en la cara o en la cabeza, incluso quebrados y pidiendo a llanto vivo entrar a la cancha. La camiseta celeste queda azul y se transpira con el corazón.

La garra charrúa con la que nos conocen por todo el mundo se trata de eso, ese sentimiento que tienen los jugadores por su camiseta y cómo la pelean en cada encuentro, defendiendo a la celeste cueste lo que cueste. Y el pueblo uruguayo se siente plenamente identificado con esta selección y este sentimiento. Cuando juega Uruguay se paraliza el país: los coches dejan de circular y el silencio sepulcral se adueña de las calles. Todos pendientes del televisor con los músculos tensionados, los dientes apretados y casi sin pestañear, no vaya a ser cosa que nos perdamos de una buena jugada. Grandes y chicos emocionados por igual, y aunque racionalmente sabemos que no es más que un juego deportivo, en el corazón dominan las emociones, y no hay con que darle.

Cavani festejando uno de sus dos goles ante Portugal

Esta selección del maestro, ha sabido llamar la atención del mundo. Periódicos internacionales tienen el ojo puesto en Uruguay y en sus jugadores. The Wall Street Journal sacó un artículo no hace mucho titulado “Uruguay: Soccer´s dead poets society” en el que reconocen la influencia de la educación y del entrenador en la selección. El británico The Guardian, en un artículo especial sobre todos los jugadores que participaron del torneo de Rusia, destacaron la presencia de Nández, Godín y los delanteros favoritos, Suárez y Cavani. El capi se ha llevado elogios por todos lados, incluso el ex jugador y DT de la vecina orilla, Diego Maradona, declaró en su programa “De la mano del diez” que considera a Godín un crack del deporte por sobre el reconocido Sergio Ramos del Real Madrid. Para Maradona, Godín es el mejor defensa del mundo porque manda, hace gol, sale campeón, anticipa y no falta un partido.

Diego Godín y Luis Suárez ante la victoria contra Egipto
Cristiano Ronaldo ayuda a Cavani a retirarse del campo tras una lesión en el gemelo

Pero en esta selección, nadie pasa inadvertido. Y si bien es verdad que estamos acostumbrados a sufrir hasta el último minuto -históricamente se ha dado así-, la clasificación a Rusia 2018 fue la tercera consecutiva a un mundial, llegamos a estar entre los ocho mejores equipos del mundo y no perdimos ningún partido, hasta ayer. No sabemos si fue mala suerte la que no quiso que el mundial pasado jugara Suárez y que en el partido de ayer contra Francia no esté Cavani. El sabio Maestro nunca culpa a los demás por errores que son del equipo, reconoce cuando el contrario es más, y ve el vaso medio lleno en lugar de medio vacío. Sí, es verdad que el equipo extraña a una figura cuando no está, pero en nuestra humilde opinión, no lo extraña porque no pueda sin él sino porque así como los engranajes giran juntos, cuando una pata no está las cosas no suelen funcionar bien.

Nos vamos de Rusia 2018 y ese sentimiento de tristeza está en el cielo, que desde que acabó el partido dejó de ser celeste para convertirse en gris. Sin embargo, estuvimos entre los ocho mejores equipos del torneo, otra vez, mostrando al mundo que estos tres millones de uruguayos tienen la garra más fuerte y el corazón más grande. Les decimos hasta Qatar 2022, y un simplemente gracias muchachos!

Artículo por Karen Fabregat

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