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Ha nacido una estrella o el  cuento de la princesa pop

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¡Levante la mano quien  no vio la peli Star is born! Y ahora, que la levante quien fue a verla y no lloró. A esos, perdón, pero  no les creo. Como dijo un amigo que fue a verla y salió con los ojos secos: lloré por dentro.  Es que es imposible no emocionarse con la música y la performance de Lady Gaga. La historia punto y aparte.

Los constantes primeros planos crudos y sin ornamentos a los rostros de Gaga y Cooper, desafiantes y vulnerables, angustiados y esperanzados, hacen que salgas del cine sintiendo algo por esos dos personajes que padecen adiciones y vínculos afectivos nefastos, tratando de mantener sus piezas juntas o rescatar uno al otro.

Todos sabemos de que viene: la  historia es un remake del clásico que leyendas como Barbara Streisand, Judy Garland y Janet Gaynor llevaron antes a  la pantalla. Una talentosa compositora y cantante con una belleza no convencional, Ally (Lady Gaga), es descubierta y comienza su carrera gracias al apoyo de Maine (Bradley Cooper), un cantante ya famoso. Se enamoran, a él lo devoran las adicciones, los fantasmas del pasado y su carrera va en picada, mientras que ella se convierte en una sensación, en la estrella, la princesa pop que la maquinaria musical necesita.

a star is born

Nada es perfecto y a pesar de ser uno de los pocos dramas adultos (y agrego inmensamente doloroso) de los últimos años, el desenlace en algunas escenas inverosímil, y el estirado final que, sin necesitarlo, recurre a flashbacks un poco pesados y reiterativos hacen que a lo último no sea un 100/100. Aunque salgamos llorando del cine lo mismo que si lo hubiera sido. Pero esta es una opinión súper personal. Véanla y saquen sus propias conclusiones.

Es que esta película bajo el cuento moderno de la cenicienta en versión entrega de Grammys, toco un montón de temas de género, adicciones y vínculos familiares que hace imposible no nos sintamos reflejados en algún momento. Es difícil que no veamos una fibra tocada, así sea para llorar por dentro. En seco.

El príncipe poderoso que viene (sin caballo pero en limusina) a rescatarnos con una guitarra colgada y nos lleva al palacio (léase  hotel 5 estrellas) y camino directo a la felicidad. Léase fama. Pero, cortemos con tanta dulzura -y sin spoilers porque ya se vio en el trailer- va a resultar que el príncipe (léase estrella de rock) no podrá resistir que le hagamos sombra cuando llegue el momento. “Shine bright like a diamond” le resulta solo a Rihanna. Y Rihanna está soltera.

Claro que todo esto ya sabemos que nos parece conocido. Les suena, ¿no? Puede pasarnos a cualquiera de nosotras que tengamos un aumento de sueldo mayor al de nuestra pareja hombre. Sí, todavía cuesta que ganemos más, y cuando eso pasa por más amoroso que sea el susodicho, hablando en criollo jode un poco. En inglés, le dicen gender gap, pero yo en versión pareja traduzco: o ganamos menos, o nos tenemos que bancar la cara de circunstancia. Le pasa a Lady Gaga, ¿no nos va a pasar a nosotras?

A star is born

Otro punto que toca el film -y a nosotras- es esa necesidad cuasi maternal de rescate que tenemos algunas. Abro paréntesis para aclarar que después de años de terapia y mucho esfuerzo lo superé. Veo un chico malo y cruzo de vereda.  Hay ejemplos de sobra en toda la peli y un analista se puede llegar a hacer un banquete. Todo eso sin entrar en el tema de la guitarrita,  porque ya sabemos que no es lo mismo el guitarrista que el baterista. El guitarrista es el más lindo, siempre. Y si viene abollado como cachorro abandonado en una caja, más. A nuestro juego nos llamaron. No nos hagamos las superadas, nos encanta.

En inglés, le dicen gender gap, pero yo en versión pareja traduzco: o ganamos menos, o nos tenemos que bancar la cara de circunstancia. Le pasa a Lady Gaga, ¿no nos va a pasar a nosotras?

A star is born

En lo personal, me pasé la mitad de la peli gritando por dentro: “No le creas, es un adicto, los adictos mienten” (años de terapia, ya les dije, ¿no? ) y “no seas naba mija, lo que necesita es limites, es un adicto”. En varios momentos, me dieron ganas de tener una charla al respecto con Ally para darle un buen abrazo. Y contarle de la vez que deje a una pareja tirada en el piso toda la noche, y yo dormí re cómoda y sin culpas.  ¡No lo vas a salvar vos Ally! ¿Se entiende? Porque a nosotras además de rescatadas nos gusta ser rescatadoras, y con eso no puede ni la puerta de la heladera llena de frases de  “mujeres que aman demasiado”. Ya se sabe.

Además, para nosotras el éxito viene muchas veces más que menos, cargado de una dosis extra de sufrimiento. O culpa. Pero nunca gratis. No vaya a ser que nos acostumbremos. Y creo que viendo Nace una estrella me tocó en lo más profundo,  justamente eso. Desde el momento de hacernos mujeres, todo viene en combo agrandado de un “pare de sufrir” eterno. Solo en Disney las princesas tienen final feliz, porque Disney no es bobo y la peli se termina ahí. Donde acá, en la película, es  el comienzo.  Creo que fue eso, además de todo lo anterior, lo que me hizo salir del cine a kilómetros de llorar en seco: llorando a mares. Por Ally, por mí, y por todes.

Pero, ¿qué tal si no somos pesimistas, y nos ponemos rebeldes? Sigamos la letra de  nuestra diosa empoderada RiRi: TODO se puede. Brishemos fuerte. Vayamos por ello. En definitiva, no hay nada para perder.

Artículo por Nieves Pereyra – Couch de estilo

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