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Fotoperiodismo: imágenes que hablan por sí solas

en Artists/Fotografía/Lifestyle

Todos hemos visto en algún momento, una foto impactante que atestigua un determinado momento de la historia. El marinero besando a la enfermera en Times Square luego de finalizada la guerra entre Estados Unidos y Japón, enfrentamientos bélicos en el oeste del continente, la inmensidad de los mares, la belleza de África, la segregación racial en lo cotidiano y un sinfín de escenas más que fueron capturadas por ojos entrenados.

El fotoperiodismo es la rama del periodismo que se dedica a generar contenido visual y audiovisual con el fin de contar la veracidad de las noticias. Trotamundos, disimulados, camaleónicos y sin duda valientes, las personas que eligen esta profesión han estado inmersos en diferentes estratos sociales, en trincheras de guerras o en noches de desvelo para captar expresiones de personalidades y políticos en los momentos justos.

Si hablamos de historia, nos remontamos a 1880 cuando The Daily Graphic, periódico de Nueva York, utilizó por primera vez una fotografía para respaldar y complementar una noticia. Rápidamente, se hicieron eco los periódicos alrededor del mundo y se sumaron más a la práctica. El primer fotorreportaje también sucedió en la ciudad de Nueva York, pero fue el danés Jacob Riis quien le mostró a la élite social del momento cómo vivían los inmigrantes más marginados de la ciudad: a través de más de cincuenta imágenes, entre fotos y dibujos, logró que aquellos que en un momento hicieron la vista gorda, utilizaran su poder e influencias para mejorar el nivel de vida de las personas. Y así fue que bajo el título  “Cómo vive la otra Mitad: Estudios entre las casas de Nueva York” se publicó el primer fotorreportaje en 1888.

En el siglo XX, la revista Life bajo la dirección de Henry Luce, promulgó el fotoreportaje con páginas a todo color que ilustraban momentos importantes de la sociedad de la época. Para esa publicación, trabajaron grandes nombres del rubro como Alfred Eisenstaedt, Tony Vaccaro, Robert Capa y Margareth White, la primera mujer fotoreportera en trabajar para la firma, entre muchos otros talentos. Life tenía gente en todos los frentes de la sociedad para lograr transmitir a sus lectores lo que estaba sucediendo en la isla y en el mundo. Pero, el fotoperiodismo no se trata solo de mostrar los desastres humanitarios y naturales. En lo que va del siglo XXI, se ha implementado en otras áreas de la fotografía como la social, donde en una boda el fotógrafo pasa a ser un invitado más y no está marcando poses a los invitados o novios como sucedía antes.

A través de una foto, podemos contar historias y ante tanta democratización en nuestros tiempos de redes sociales, salimos a indagar acerca del pasado, el presente y el futuro a quienes creemos representan la fotografía moderna que hoy en día es fotoreportaje…los fotógrafos que cuentan historias. 

Santiago Mazzarovich

Es fotorreportero desde 2009, trabajó para varios medios informativos nacionales, dictó talleres y cursos, y fue jurado en el programa de los Fondos Concursables para la Cultura 2016 del MEC en el área fotografía. Actualmente, viaja por el mundo y vende a través de su web las imágenes que capta con su cámara para sustentar su viaje. Cuando le preguntamos qué momento en la historia le hubiera gustado fotografiar, nos cuenta que le atraen especialmente las décadas de 1930 y 1960: “La cultura y la política de esos años de energías transformadoras me resultan sumamente atractivas al pensar en una época a fotografiar.” En 1930, cuando el fotoperiodismo estaba en pleno auge y no había estructuras creadas, todo estaba por inventarse. Y en 1960,  destaca la ebullición social del período, “las calles siendo testigos de transformaciones radicales y de una energía juvenil que irrumpía desobedeciendo normas y costumbres y que parecía que iba a cambiarlo todo”

Para Mazzerovich, la fotografía ocupa un lugar muy importante en su vida desde los 17 años, cuando comenzó a estudiarla y encontró una forma de expresión a través del lente que le permitió vivir acontecimientos en movimiento, entenderlos de una manera que de otra forma no hubiera sido posible: “intensidad, no estar en una oficina, días completamente distintos entre sí, un oficio que podía acompañar viajes”, reflexiona.

Pero la fotografía ha avanzado muchísimo en los últimos años y lo que antes se reservaba para algunos pocos, hoy se ha democratizado. Todos tenemos una cámara de fotos portátil en nuestros teléfonos celulares, e incluso, puede que muchos elijamos el modelo de celular en función de la calidad de su cámara.  En torno a esta cultura de fotografiar, se han creado miles de aplicaciones que permiten jugar con la imagen captada, mejorarla, corregirla y editarla. Este fenómenos social que está el pleno crecimiento, ha permitido que podamos vivenciar situaciones de gran magnitud como la serie de huracanes que azotaron la zona de Centroamérica el pasado verano, donde primaron videos captados por personas que estaban allí, convirtiéndose estos en el material exclusivo de los principales medios informativos del mundo. Las mismas redes sociales cambiaron la forma en la que consumimos la fotografía, desde el momento en que podemos seguir los pasos de alguien por el mundo o meternos dentro del atelier de alguna de las más exquisitas marcas de alta costura.

Las imágenes nos transportan y nos permiten viajar sin movernos de nuestra casa.

Pero, también estamos en un momento de sobre exposición masiva. “Ahora puede producir mayor cantidad de fotografías al día un adolescente desde su smartphone que un fotoperiodista”, y esa necesidad de compartir todo en las redes ha hecho que el vínculo con la fotografía cambie drásticamente, y que de cierta forma adquiera un tinte negativo, según expresa Santiago. “El riesgo es banalizar la fotografía y el desafío es que reflexionemos más en el momento de hacer y consumir imágenes, que podamos leer y hacer fotos desde una perspectiva más crítica. Con estas reglas de juego, los fotoperiodistas tenemos que intentar ser cada vez más profesionales, responsables, creativos e intentar tener una capacidad analítica mayor en torno a lo que hacemos y vemos”. Y es verdad que la forma en que consumimos noticias ha cambiado: antes las veíamos por la televisión o escuchábamos en la radio, el diario era la tercera opción, mientras que en la actualidad, las nuevas tecnologías han abierto un campo de posibilidades inmenso, que según nuestro especialista, es el mayor de los cambios que experimenta el fotoperiodismo desde sus inicios. “Creo que el fotorreportaje en tanto construcción de un relato mantendrá su esencia: contar cosas, construir narrativas… La manera en que leemos los reportajes ha cambiado, ahora los consumimos también desde pantallas y ahí se amplían enormemente las posibilidades en la manera de presentar una historia, aunque eso no necesariamente implica una transformación en cómo contar una historia en imágenes”.

Tali Kimelman

Realmente es de nuestras preferidas. Se acercó al mundo de la fotografía cuando estaba haciendo un postgrado en Ingeniería Biomédica en la Universidad de Northwestern, y sintió que sería divertido no solo ver a las personas por dentro sino captarlas en su exterior. Además, es ingeniera en Computación, y probablemente sea la cantidad de horas que pasaba frente a la PC y su atención a los detalles, lo que la llevó a una carrera de más de trece años en el área de fotografía publicitaria con clientes internacionales. Ahora está abocada al fotoperiodismo de lugares que cuentan historias y así nace su nuevo proyecto Baño de Bosque. Esta ingeniera-fotógrafa, está muy agradecida a la fotografía, porque le permitió visitar lugares que de otra forma no hubiera conocido, entrar a mundos que le son ajenos y conocer personas en cada nueva aventura. Vivía la fotografía como un medio de sustento hasta que se propuso cambiar y utilizarla como una búsqueda personal, una forma de expresión. De esa manera, comenzó su nuevo proyecto que invita a estar en contacto con la naturaleza, vivir y experimentar una antigua práctica japonesa, que consiste en pasear entre los bosques sintiendo los aromas, escuchando los sonidos, respirando el aire fresco del lugar y alejandose el estrés para dar paso a la serenidad.

“Ahora que uso la fotografía como un medio de búsqueda personal siento que es mucho más importante para mí, me llena completamente y me hace encontrarle un sentido a lo que estoy haciendo”, reflexiona mientras que al consultarle sobre los cambios que está vivenciando el mundo del fotoperiodismo comenta que lo que se está transformando es la libertad con la que el fotógrafo puede trabajar. Antes, tal vez se era más estricto sobre lo que había que capturar, pero ahora se le permite jugar más con herramientas que permiten distorsionar la imagen: “Hay mucho más espacio para la creatividad, para hacerlo de una manera completamente diferente y esto permite que la mirada del fotógrafo esté mucho más presente. Si se nos permite modificar la imagen en postproducción o utilizar métodos alternativos para captarlas, se puede generar una intención más clara de quién está haciendo el reportaje”. Sin dudas, esta fotógrafa vive las redes con pausas y no siente la necesidad de postear todo el tiempo. Su mayor anhelo sería poder estar para retratar el futuro y quizás a todos nos da un poco de curiosidad también, ¿quién lo quisiera ver qué pasa en el 2200?

Uso la fotografía como un medio de búsqueda personal y me hace encontrarle un sentido a lo que estoy haciendo.

Mateo Boffano

Es otro referente y uno de los fotógrafos de bodas más solicitados que comenzó a tomarle gusto a la fotografía en sus vacaciones con amigos con el fin de captar la experiencia y revivirla a través del recuerdo. Si tuviera que elegir un momento de la historia, le hubiese gustado retratar el momento de la colonización cuando el hombre europeo descubrió el “Nuevo Mundo”, rodeado de un continente aún virgen. Y es que este hombre es un trotamundos que ha viajado por diferentes países, desde el Desierto de Sahara hasta Islandia, donde retrató uno de los más hermosos espectáculos de la naturaleza: la aurora boreal. No es extraño es que dada su pasión por explorar la naturaleza y los lugares más vírgenes, haya elegido ese momento en la historia para fotografiar. Acerca de la inmediatez que demandan las nuevas generaciones, dice que no lo toma por sorpresa y hasta se siente parte del movimiento: “Me gusta lo rápido, va conmigo porque soy ansioso”, cuenta. También afirma que futuro del fotorreportaje está en el ojo de quien lo capta. “Más allá de que ahora todo el mundo tiene acceso a la fotografía y al mostrarse, creo que va a evolucionar más en el sentido de autor. La gente va a seguir buscando la personalidad detrás de quien hace el fotorreportaje”.

Fernanda Montoro

Se recibió de dentista, y durante su estadía en Londres, estudió cinematografía donde se encontró con el mundo de la fotografía. Sus impresiones de edición limitada y el trabajo original en Polaroid, han sido exhibidas en galerías de todo el mundo y publicadas en numerosas revistas y libros. Actualmente está en Uruguay y es una de las creadoras de Tiranos Temblad, reivindicando el romance de la fotografía análoga. Su relación con la profesión, se remonta tal vez a su infancia cuando solía pasar ratos mirando la cantidad de fotos que su abuela tenía colgadas en la pared, encontrando recuerdos de su luna de miel o anécdotas con sus hijos y nietos. Y luego, en Londres, se le despertaron las ganas de fotografiar impulsadas por una ciudad con una diversidad étnica impresionante.

Para ella, la fotografía representa mucho. Al principio, una forma de comunicarse y una manera de mostrarle al mundo cómo es ser visto a través de sus ojos, pero últimamente esa significación mutó y se convirtió en algo más grande: “No se trata únicamente de comunicar una manera de estar en el mundo. Es también mi manera preferida de estar presente. Una forma de conectar con algo más grande que yo”. En relación a la sobreexposición que vivimos a través de la fotografía, nos cuenta que es desafío encontrar la forma de  resaltar entre tanta cantidad de imágenes a través de trabajos mucho más subjetivos. “Es motivante poder tener plataformas donde poner pruebas, experimentos, publicar cosas que nunca saldrían a la luz. Todo eso siento que potencia mi trabajo artístico”. Por otro lado, cuando le preguntamos qué momento de la historia elegiría para fotografiar, respondió con lo que seguramente es un destello de su personalidad:  “Me voy a quedar con lo primero que se me vino a la mente: Twin Peaks, 1989”.

Es evidente que así como el mundo cambia, la fotografía y el fotorreportaje también. Y aunque actualmente nuestro país no es centro de grandes hechos históricos que suceden en el mundo, existe una gran evolución en la forma de contar historias. Ya sea mediante paisajes como lo hizo Tali con la novela de Itaú este verano o a través de las anécdotas de Boffano en sus viajes a Islandia, los forreporteros de hoy se encargan de retratar esos pequeños momentos de la vida. En un nuevo aniversario de su profesión, aprovechamos para felicitarlos por crear históricas tan magníficas.

Artículo por Karen Fabregat

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