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El mito de la belleza real: lo que gastamos las mujeres para gustar

en Lifestyle

Los procedimientos no quirúrgicos son ahora la “cirugía” plástica más popular. Con tratamiento rápido, riesgo mínimo y recuperación escasa o nula, las opciones no invasivas como botox, rejuvenecimiento de la piel y coolsculpting superan con creces el número de procedimientos quirúrgicos en el mundo. Pero ¿acaso no deberíamos preguntarnos por qué y para qué gastamos tanto las mujeres en belleza cosmética?

A TODAS nos pasa: hay un punto de quiebre en la vida de toda mujer y es cuando dejamos de tener ochenta pares de zapatos para poder darnos el lujo de tener quince potes de crema distintos (y abiertos). La que tenga solo un pote de crema específico y lo use religiosamente hasta que tenga que comprar otro, que tire la primera piedra. Yo en éste momento tengo ocho, y cuatro son para la celulitis.

Los tratamientos de belleza no invasivos, junto con el maquillaje y las cremas,  son parte de esos gastos de belleza que hacen que nuestras tarjetas de crédito estén siempre al borde del colapso inminente, ya que a pesar de tener un costo mucho menor que la cirugía promedio, el gasto en estos procedimientos representó casi la mitad del total de $ 16 mil millones de dólares en USA en el 2017. ¿A alguien le sorprende? Tengo amigas que tienen un departamento encima, o al menos el equivalente a la entrega. Y las ofertas de woow no ayudan mucho. De hecho le hacen más daño a la Visa. No hay nadie que escape, nadie.

El pasado Día de la Madre me descubrí contándole a la mía que me gustaría hacerme ese delineado de labios que te deja la boca como Kylie Jenner. Mi madre me miró seriamente mientras preguntaba qué había de malo en mis labios al mismo tiempo que me pedía no ser terraja y me contaba (si, todo al mismo tiempo y sin respirar) que ella lo que se iba a hacer era la dermopigmentación en las cejas porque con la edad quedan cada vez más finitas…Y eso te envejece, ¿viste?.

No hay descanso: todos los días aparece algo nuevo.

Un nuevo aparato que promete dejarnos la panza chata sin cirugía, una nueva toxina que nos va a dejar  la piel sin manchas, sin arrugas y suave como la de un  bebé, y una terapia que jura sacarnos la celulitis y dejarnos la cola como la de las Kardashian después de cinco horas de Photoshop. A a pesar de que nuestra primera aproximación al mundo sin retorno del embellecimiento no quirúrgico fue un fiasco, la permanente de pestañas no valía la ansiedad de los 45 minutos a ojos cerrados cuando tenés una clara adicción al celular. Seguimos sacando cuentas a ver si podemos pagar por esos 45 mins adentro de la capsula en la que hacés gimnasia sin moverte, y lo más importante, sin transpirar.

Cada vez vemos más modelos plus size y campañas inclusivas, pero también cada vez más invertimos nuestro dinero en estos procedimientos. Ya no estamos en el siglo XVIII donde el único camino posible era ser linda, o parecerlo, para conseguir un marido. Ahora trabajamos. Y en muchos casos no nos interesa tener marido. Entonces, ¿por qué en lugar de gastar cada vez menos en corregir nuestra belleza, gastamos cada vez más? 

Según los números del gap gender laboral,  ganamos un 25% menos que los hombres. Y de yapa nos endeudamos y nos empobrecemos para gustar al género que gana más que nosotras. También vivimos en  competencia constante entre nosotras y tenemos el cerebro tan seteado de imágenes retocadas que vivimos en una carrera constante e interminable para parecernos a mujeres que tienen mil tratamientos más costosos que a los que accedemos.

Nos sentimos inseguras porque vivimos en una cultura de la belleza que nos quiere, y facilita, el que nos sintamos inseguras. Y mientras sigamos creyendo que nuestro valor reside en nuestra belleza lo seguiremos estando. Ahora está de moda tener cola y caderas grandes y cintura de avispa con panza 100% chata. ¿Lo vieron en Instagram? El cuerpo ahora, se “lleva” así. Y los que hacen cling caja son los vendedores de fajas modeladoras, que son inútiles, porque ya sabemos que eso solo se logra con lipo, pero igual corremos todas a comprarlas. Con probar no se pierde más que plata, ¿no?. ¡Pobre Coco Chanel! Nos alivianó del corset para nada.

Muchas dirán que lo hacen para sentirse bien con ellas mismas, y que no se malinterprete, estoy totalmente a favor de hacer TODO lo que nos haga bien. La imagen que proyectamos al mundo debe estar en consonancia y en armonía con nuestra belleza y lo que queremos proyectar. Tampoco es que pretendo que andemos por la vida hechas un estropajo feminista. Hace unos años tuve cirugía y apenas salí de la anestesia le pedí a mi hermana que me hiciera las manos y los pies. O sea…Antes muerta que sencilla. Pero a veces me cuestiono porqué me engancho a pensar en todos los defectos de los que puedo llegar a liberarme y con los que vivo en un constante estado de lucha.

¿Por qué esa voz en mi cabeza sigue insistiendo en que a pesar de ser una mujer profesional e independiente, mi única función es la de resultar atractiva y deseable ante los ojos ajenos? Como dice Naomi Wolf: “lo más importante es que la identidad de las mujeres debe apoyarse en la premisa de nuestra belleza, de modo que nos mantendremos siempre vulnerables a la aprobación ajena, dejando expuesto a la intemperie ese órgano vital tan sensible que es el amor propio”.

Y ahí por un segundo hago el clic: como no voy a la playa porque soy más blanca que el archivo de Word en el que escribo esto, la celulitis en la cola solo me la veo yo (y el probador de Zara). No pienso, ni piensen, en la mirada del varón a menos que sea algo realmente profundo y las luces sean de las que se usan para autopsia… ni se enteran ni les importa mucho. Así que por un rato, hasta que aparezca el próximo tratamiento revolucionario o me den de alta la autoestima en terapia, abrazo a mi celulitis totalmente normal y le digo: sí te quiero.

Artículo por Nieves Pereyra

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