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El elogio de la belleza y la belleza del elogio

en Lifestyle/Moda

Cada vez exponemos más nuestros cuerpos en las redes sociales. Y es muy saludable. Si hablamos de querer normalizar y naturalizar, es lo que hay que hacer. ¿Dónde más sino? Subimos fotos vestidas en mayor o menor grado,  desnudamos no solo partes corporales si no nuestros gustos, nuestro estilo, y claro que sí,  nuestro poder adquisitivo. Mostramos nuestras rutinas de maquillaje y hasta nos sacamos selfies con la máscara hidratante puesta. Sin embargo, hay algo que falla en esta época en la que gritamos sororidad pero la implementamos poco y nada. No solo seguimos sin apoyarnos, sin celebrarnos, sin empoderarnos: no perdemos oportunidad de criticarnos.

Mucho se escribe sobre bullying y yo no soy experta en la materia, así que simplemente me remito a hablar de lo que veo y lo que leo en redes sociales.  Que más veces que menos hace que Chicas pesadas de Tina Fey sea una pelicula autovivencial.  No, no te podés sentar con nosotras; no podés ubir una selfie porque sos muy gorda, muy flaca, estás mal maquillada, ese vestido es de 2014 y no te queda nada bien… Cualquier parecido es pura coincidencia y en algunos ámbitos más que en otros, pero en las redes sociales más que en ninguno. Pero, mea culpa y autocritica me llaman: no me voy a hacer la santa patrona de la caridad del cyber acoso.

Chicas pesadas

Como estilista que soy, hasta no hace muchos años era de las que creía que una buena dosis de humor comentando los looks de las red carpets estaba más que permitido, y que Matilda Blanco no era un ser tan nefasto como necesario. ¡La policía de la moda y el buen gusto señores! Joan Rivers era copada, ¿o no?

Más tarde que temprano, sin embargo, me llegó el clic. Llamenle sororidad o que una enfermedad que cambió bastante mi aspecto físico me iluminó de repente, pero ya no me resultaba divertido reírme del  mal gusto de nadie. Mucho menos comentar despiadadamente sobre cómo quedan ciertos modelitos al cuerpo. Empecé a guardarme mi opinión y a pensar: Ponete lo que quieras Lena Dunham, no le estás haciendo mal a nadie. Y solo empecé a comentar lo que me gustaba, o lo que podía analizar objetivamente desde el respeto.

De la misma forma que me encontré no comentando bajo la máxima de que “si no tenés nada lindo para decir, mejor no decir nada”, descubrí que es mucho más fácil no juzgar cuando no ejercés la vara de tu opinión sobre la estética ajena. Y ese es el primer paso para ejercer eso que tanto parece costarnos a las mujeres, y en público más aún: el elogio. Y la belleza de él.

Parece que estamos programadas para criticar, enfrentar y despedazar en micropartículas a nuestras congéneres, pero cuando se trata de elogiarlas, hacemos mutis por el foro. Nos cuesta el like, nos cuesta el halago. Nos cuesta el like dije, sí, no entendieron mal. Vivimos en la era digital, no necesito explicarles lo que el like significa cuando subimos una foto en la que nos sentimos lindas, alegres, diosas; cuando conseguimos un ascenso o nuestro emprendimiento funciona, cuando compartimos una foto de algo que nos hace felices.

Y no hablemos de cuando criticamos bajo la ley del anonimato. Las influencers o bloggeras no serían personas públicas que leen nuestros comentarios  y como es así tenemos carta libre para despedazarlas.  Si está flaca porque necesita un sándwich y si no porque se comió dos. Si la ropita de canje del evento le queda un talle chico, o si está  embarazada porque justo ese día estaba hinchada (si ya sabemos que 5 días al mes estamos hinchadas, ¿es necesario preguntar si alguien está embarazada?).

Hace poco Chiara Ferragni subió una foto de su despedida de soltera junto a sus amigas. Los mismos seguidores  que la critican a veces  por flaca, criticaron a sus amigas por estar “gordas”. Un diario italiano replicó la noticia haciendo el chiste de que las amigas estaban disfrutando y comiendo en la despedida. Esto se llama “body shaming” y no está bien. Es bullying. Claro y sonoro.

Lo que está bien es contestar con mucho respeto que nadie les pidió opinión y que se metan el body shaming por donde menos les moleste. Con amor, ¿eh? ¡Besitos! Siempre con amor.

Muchos dirán que si nos exponemos estamos abriendo el derecho a la crítica. Y sí, parecería que así funciona la democracia, por suerte. Pero, ¿realmente porque tenemos voz y podemos hacer uso de ella, es necesario que digamos todo lo que pensamos? ¿Realmente la gente que publica en Instagram una foto en bikini, nos está pidiendo opinión sobre como luce o debería lucir su cuerpo? Desde mi iluminación en el tema (no se lo crean, todos los días me muerdo la lengua para no decir algo) opté por solo comentar bajo la regla autoimpuesta de los 3 segundos (sí, me gusta mucho el basket y los basquetbolistas pero no me voy a divagar). La norma de los 3 segundos, se las presento en gráfico para que sea fácil recordar:

Clara, ¿no? De lo que si empecé a abusar a partir de esto, y  fue surgiendo de manera espontánea y natural, fue ese elogio del que hablaba antes. Cuando no criticamos, centrándonos en lo negativo, nos empieza a sobrar espacio para todo lo positivo que hay y nos negamos a mirar. Puede ser que nuestra amiga no comparta la necesidad estética de tapar sus rollitos en bikini cuando suba esa foto en el all inclusive con daikiri en mano, ¿pero no me digan que la sonrisa de felicidad no traspasa la pantalla? ¡Diganlé que está linda porque lo está! No sean machetes con los elogios, ¡repártanlos! ¡Que lluevan!

Y a la bloggera que pesa 45 kilos, se pasa de vacaciones y nos despierta terrible envidia (a mi seguro me despierta el hambre, pero me siguen, ¿no? ) en lugar de criticarla, dejen de seguirla.  Nos es sano lo que nos provoca, y criticar, acosar o insultar a una persona nunca jamás debería ser la forma de dejar salir afuera nuestras frustraciones. Jamás.

De niña,  recuerdo esa canción que decía: decir cosas feas es asunto grave antes de decirlas, ¡boquita con llave! Se vé que Ultratón me marcó a fuego. Y en esta nueva etapa de levantarnos unas a las otras, y ya que es primavera y todo está hermoso, recordemos siempre elogiar la belleza que todas llevamos y  la belleza que hay en el elogio. Digamos pocas cosas feas y muchas cosas constructivas y lindas. ¡Hagámonos  florecer! ¡Feliz primavera a todes!

Artículo por Nieves Pe – Coach de estilo

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